EL VIRUS Y LA FAMILIA HUMANA

Pido disculpas por anticipado al lector/a por dejarme llevar por mis emociones en contra de mi criterio habitual, pero la situación que estamos viviendo me afecta profundamente y me provoca una reacción visceral que me esfuerzo en controlar.

Imaginen que una familia de este país tiene a uno de sus miembros contaminado por el Covid-19. No puedo asumir que una familia normal pueda establecer otras prioridades en su vida que no sea ayudar y arropar al familiar afectado. Y si esto supone realizar cambios y sacrificios en su vida habitual, incluido el ámbito económico, pues se hacen. Cualquier otra cosa me parecería indigna e inmoral.

Con este enfoque el espectáculo que estamos viviendo en el ámbito político de este país a cuenta del Covid-19 me produce nauseas. Me parece insoportable que cuando están muriendo miles de personas haya quien pretenda entremezclar intereses económicos entre las prioridades de la lucha contra la pandemia, por muy respetables que puedan ser tales intereses en otras circunstancias. Me resulta revelador acerca de quienes piensan así y de que decisiones tomarán en otros casos donde entren en colisión intereses económicos y criterios morales.

Y como yo tengo la funesta manía de pensar no puedo evitar plantearme que visión sobre la vida y su sentido pueden tener quienes actúan así, si es que tienen alguna. En realidad me parece lo mas probable suponer que su planteamiento vital no responde a criterios racionales, sino a instintos primarios que les llevan a priorizar el beneficio económico sobre valores humanos fundamentales. Y no me olvido que mas allá de la política, a pié de calle, hay autónomos y pequeñas empresas que ven en grave peligro su medio de vida, pero ¿justifica esto la muerte de miles de personas? Me gustaría saber como actuarían si el virus afectara a sus personas mas cercanas. ¿Seguirían priorizando la economía sobre la salud? No me atrevo a responder a esto.

En todo caso creo que un planteamiento vital semejante supone ignorar todos los mensajes que nos da la vida a través de la evolución del universo y de la historia humana. Desde el principio de los tiempos, hace ya 13700 millones de años, todos los avances importantes en la evolución universal se produjeron por asociación de elementos. Desde la asociación de partículas para producir el átomo, la asociación de átomos para producir la molécula, la asociación de moléculas para producir todo tipo de elementos materiales, siempre ha sido la interconexión la clave evolutiva. Y asi se llegó a la aparición de la vida, un fenómeno fundamental de la evolución, que supuso también la aparición del ser individual y posteriormente la aparición del humano y con él la conciencia y la capacidad de reflexionar. Y esta capacidad de reflexionar culmina con la aparición de la ética, que es el motor esencial de la conexión entre humanos.

No hace falta profundizar mucho en la historia humana para ver que el nivel ético actual de las sociedades humanas mas evolucionadas, con todas sus luces y sombras, es mucho mayor que el de siglos pasados, y muchas costumbres y tradiciones antiguas hoy serían fuertemente rechazadas por motivos éticos.

No es necesario darle muchas vueltas para ver que la evolución nos dice que para avanzar tenemos que conectarnos, y eso implica que hemos de cooperar entre nosotros y establecer como prioridad el compartir los avances sociales con todas las personas y no permitir que algunas, o mejor dicho muchas, queden marginadas.

¿Y todo esto es compatible con reducir las medidas sanitarias anti-Covid para no perjudicar demasiado los intereses económicos? En mi modesta opinión NO, por muy respetables que estos sean y por duras que sean las consecuencias para empresas, autónomos y empleados. Es la comunidad humana la que debe promover las ayudas necesarias para los perjudicados, pero la prioridad fundamental debe ser la de salvar vidas. O dicho de otra manera, hay que aplicar a todos el criterio que probablemente aplicaríamos si los afectados fuesen personas cercanas, como si todos fuésemos una gran familia. Una gran utopía en este mundo, ¿verdad?

Pero claro, es solo mi opinión.

Octubre de 2020

Antonio París

PRESENTACIÓN

En este blog modestamente quiero transmitiros mis inquietudes respecto a temas que considero fundamentales en la vida humana, en especial el que considero mas importante, el de si esta vida tiene algún sentido desde un punto de vista exclusivamente racional, prescindiendo de cualquier tipo de creencias.

Con la perspectiva que me da mi edad octogenaria y mi prolongada experiencia en una asociación de lucha contra el acoso laboral, espero poder ayudar a aquellas personas que se sientan capaces de enfrentarse a los misterios profundos de la vida humana con afán de liberarnos de las creencias impuestas como artículos de fe. Y no me refiero solo a las creencias religiosas, sino también a las que hemos absorbido de nuestro entorno social y que ya forman parte de nuestra zona de confort. Todas estas creencias nos impiden evolucionar, unas mas que otras, hacia la dirección que nos marca la evolución del universo, y esto exige por nuestra parte un gran esfuerzo personal y colectivo que consiga que la sociedad humana entre en la edad adulta.

En este blog expongo algunos artículos que he ido publicando digitalmente en los últimos años, y los he dividido en dos páginas. “Temas sobre acoso” y “Temas sobre la vida”. Espero seguir escribiendo sobre todo esto hasta que la vida me lo prohíba.

Gracias por vuestra atención

REFLEXIONES DESDE LA PANDEMIA

Parece indudable que la explosión de la pandemia del coronavirus en nuestro mundo actual nos ha enfrentado con una realidad que algunos predecían, pero que la gran mayoría ignoraba. Una vida basada en el consumismo sin freno, una cruda competitividad por el poder y el dinero, una desatención insolidaria hacia los perdedores de la vida, la cual estamos viviendo de cerca con la privatización obsesiva de los servicios esenciales, y en resumen, un mundo gobernado y manipulado por poderes económicos insaciables, nos ha conducido a estrellarnos contra la realidad.

El coronavirus nos ha demostrado que vamos en la dirección equivocada, que necesitamos un cambio profundo, que por la senda actual vamos directos a un desastre social y a la destrucción del planeta y este virus es su evidente respuesta. No es posible que una organización social que prioriza criterios competitivos por encima de las necesidades de la sociedad humana y de su alojamiento planetario pueda sobrevivir mucho tiempo, y esta pandemia es un primer aviso global. Muchas voces venían avisando que de una forma u otra tendríamos que pagar nuestros errores.

Y llegados a este punto tendremos que hacernos la pregunta imprescindible, ¿hacia donde hemos de ir? Es en momentos como estos cuando deberíamos replantearnos toda nuestra vida y mirando de donde venimos ver hacia donde vamos. Y si esta dirección es equivocada, como todo parece indicar, rectificar y reflexionar hacia donde deberíamos de ir. Si me lo permiten, y dentro de mi modestia, voy a intentar hacer algunos apuntes sobre esa dirección.

Como dice el paleoantropólogo Juan Luis Arsuaga en una reciente entrevista (*) “estudiamos el pasado porque es la única forma de saber quienes somos”, y también afirma que como decían los filósofos antiguos “lo primero es sobrevivir y después ya filosofamos”. Esta es la primera ocupación de todo ser vivo, sobrevivir, y solo cuando se siente seguro comienza a ocuparse de otras tareas, como reproducirse o escalar posiciones en la jerarquía de la manada, si es un mamífero evolucionado, o además tal vez filosofar si es un ser humano . Es decir, si no se siente amenazado procurará hacer todo lo que le apetece, sin mas límites que los que le impongan las circunstancias. Pero el ser humano, sin dejar de ser un animal como los demás, tiene otras herramientas mas evolucionadas, la primera la conciencia, y con ella la capacidad de reflexionar. Y es a partir de la reflexión que empiezan a surgir los valores morales, es decir, que los humanos empezamos a considerar que hay acciones que están bien y otras que están mal.

¿Y cual es la consecuencia de todo esto? Pues que el ser humano es el único animal que puede tomar decisiones en contra de sus instintos. Todos los animales tratan de hacer lo que les apetece guiado por sus instintos, pero los humanos pueden hacer lo contrario de lo que les apetece por motivos morales o éticos.

Y llegados a este punto tenemos ya una primera conclusión, y es que la conducta de los seres humanos nace de una tensión permanente entre lo que le piden sus instintos, es decir sus apetencias, y lo que le dicta su conciencia moral. Salvo que se trate de un psicópata, que como nos dice la ciencia carece totalmente de conciencia moral.

Si el lector ha tenido la paciencia de llegar hasta aquí podría preguntarse que tiene que ver todo esto con la pandemia del coronavirus, y a primera vista podría decirse que tiene razón. Pero si lo examinamos con calma veremos que todos los problemas conductuales de la especie humana nacen de hacer lo que les apetece, es decir, de comportarse como simples animales, y ahí están las raíces de la pandemia.

En nuestra etapa de desarrollo infantil nuestros padres tratan de educarnos transmitiéndonos unas reglas de conducta que nos ayudarán a integrarnos en la sociedad. Teníamos que aprender que no siempre podemos hacer lo que nos apetece, que los demás existen y hay que tenerlos en cuenta, y que debemos respetar unas reglas de convivencia propias de nuestra cultura. Y si nos saltábamos las reglas para hacer lo que nos apetecía teníamos que sufrir las consecuencias, aunque la dureza de estas consecuencias era mas propia de tiempos pasados. Hoy en dia las reglas parecen mas relajadas, y tal vez eso nos ayude a entender muchos de nuestros errores. Resumiendo en términos coloquiales el animal que hay en nosotros trata de hacer siempre lo que le apetece, y el humano debe controlarlo e imponerle normas éticas. Esta es la pauta que cada uno de nosotros debería seguir, porque entiendo que el avance de la civilización supone que el humano se vaya imponiendo al animal.

Y este propósito, que deberíamos mantener e incluso ampliar durante el resto de nuestra vida, también tiene una dimensión colectiva. Todas las sociedades humanas tienen una cultura propia que incluye normas morales, que son las que hacen posible la convivencia, y estas normas evolucionan a lo largo de la historia en base a la experiencia. Sin embargo, lo mismo que nos sucede a cada uno de nosotros, no siempre extraemos las conclusiones adecuadas de nuestra experiencia y entonces la vida, antes o después, se encarga de hacérnoslo pagar. Es su forma de decirnos que rectifiquemos.

Y esto es lo que pienso que nos está diciendo la vida con el coronavirus. La comunidad humana tiene una historia detrás en la que las muy diversas comunidades y culturas han competido entre sí, frecuentemente de formas muy violentas, siempre con la intención de imponerse y obtener mas poder y substanciosos beneficios. Es un proceso históricamente repetitivo cuyo único cambio radical ha sido a partir de la 2ª guerra mundial, en donde las guerras empezaron a dejar de ser militares para pasar a ser económicas. Eso si, siempre con el mismo propósito, competir por el mayor poder posible. Hoy en dia el mundo lo dominan los grandes poderes económicos, que imponen sus intereses por encima de cualquier otra consideración, incluidos los derechos humanos fundamentales y el cuidado del planeta.

He aquí la causa fundamental de la pandemia que nos asola. Cuando una parte de la comunidad humana emplea todas sus energías en competir por el poder y otra parte mucho mas numerosa se ve obligada a emplear todas sus energías en sobrevivir, la consecuencia inmediata es que nadie se ocupa de construir nuestro futuro, de analizar nuestro pasado para no repetir errores y de ver hacia donde hemos de caminar. Y en mi modesta opinión estamos en una situación límite que la pandemia de coronavirus ha puesto en evidencia. Hemos de darle un giro a nuestra vida, individual y colectiva, para tratar de evitar la catástrofe que nos acecha.

Y el primero y mas importante mensaje que nos deja la actual pandemia es que el virus no distingue de países, de culturas, de religiones, de intereses ni de diferencias de cualquier tipo entre humanos. Por tanto la vida nos está diciendo que basar nuestra existencia en competir sin freno, en luchar desmedidamente por obtener el máximo poder sobre el resto del mundo y en la obsesión por el máximo beneficio, nos conducirá a nuestra desaparición como especie, como tantas otras. Y será por este virus, por cualquier otro, por la destrucción del planeta o por cualquier otra causa ante la que deberíamos actuar unidos y coordinados. Porque la competición sin freno es propia del mundo animal, biológico, y darle la prioridad significa renunciar a la condición humana, es actuar como animales salvajes que se rigen únicamente por la ley de la selva, es decir por la ley del mas fuerte, del mas pillo o del mas tramposo. Y quienes actúan de esta forma rechazan las reglas que les marcan límites, y a eso le llaman paradójicamente “libertad”, o sea el tan alabado “libre mercado”.

Y llegados a este punto tengo que plantearles mi reflexión final. Todo lo expuesto hasta aquí trata de explicar que el mundo en que vivimos esta dominado por poderes económicos que actúan por la pulsión biológica de competir sin freno por alcanzar el mayor nivel económico posible. Esto incluye el controlar los estados, los medios de comunicación y manipular la información para frenar posibles críticas y fomentar la droga del consumismo. Por decirlo de forma mas gráfica, se trata de una conducta animal pero utilizando herramientas humanas. Su poder destructivo es, como pueden ver, enorme.

No hay mas opción salvadora en esta situación que estamos viviendo que asumir que somos una comunidad global, que tenemos que afrontar este gran problema y los que vendrán de forma conjunta y que mientras no controlemos nuestra pulsión competitiva y pongamos por encima de todas nuestras ambiciones la construcción de una gran familia humana, nuestro futuro no tendrá solución. Soy consciente de que es una gran utopía, pero el destino humano es luchar por esta utopía, que como toda utopía por definición es inalcanzable pero también debería ser irrenunciable. ¿Aprenderemos o seguiremos actuando como animales?

Antonio París

Agosto 2020

(*) https://www.publico.es/entrevistas/juan-luis-arsuaga-paleoantropologo-atapuerca.html

SOBRE EL MIEDO A LA MUERTE

Es algo innato e instintivo el tener miedo a la muerte, al final de nuestra vida, y en esto no hay distinción de razas y culturas. Es de alcance universal y desde siempre nos hemos enfrentado a esta realidad con la gran dificultad de asumir nuestra desaparición definitiva. Esto nos ha llevado a buscar posibles explicaciones que nos hagan mas llevadera esa triste realidad, y aquí entran el pensamiento mítico y las creencias religiosas. Desde los dioses de la mitología griega hasta el Dios creador de las religiones cristianas, entre otras, se nos ofrecen creencias sobre una vida posterior a la muerte que nos pueden ayudar a afrontar y tal vez superar el miedo que nos inspira.

Pero como estamos en el siglo XXI pienso que deberíamos esforzarnos por encontrar una explicación racional que prescinda de todo tipo de mitos y creencias, y de esta forma enfrentarnos con el gran misterio de la vida, es decir la muerte, tal como debería hacerlo una sociedad humana adulta.

Y para enfrentarnos con esto debemos empezar por la pregunta esencial. ¿Es la muerte el final definitivo o existe otra vida después? Porque aquí reside la raíz del miedo a la muerte. Si la muerte es el final el miedo está mas que justificado. Nadie quiere desaparecer, salvo que su vida sea una tortura insufrible.

Hoy por hoy la ciencia no tiene una respuesta sólida y contundente a esta pregunta, pero sin embargo hay numerosos indicios que apuntan a que existe vida mas allá de la muerte, o como se dice en lenguaje mas cercano a la ciencia, “que la conciencia sobrevive al cerebro” Y esta afirmación se basa en las llamadas “experiencias cercanas a la muerte” (ECM) sobre las que existen numerosas investigaciones de universidades e instituciones sanitarias de todo el mundo. Tales investigaciones no van mas allá de la descripción de los síntomas que relatan las personas que las han vivido pero sin que la ciencia haya podido dar explicaciones casuísticas consistentes, lo que parece indicarnos que estamos muy lejos aún del nivel de conocimiento necesario para ello.

Pero con los datos de que disponemos actualmente, en mi modesta opinión, ya podemos sacar algunas conclusiones importantes sobre la vida y la muerte, y es lo que trato de explicar en este artículo. Y para ello trataré de exponer los datos básicos de las ECM`s sin extenderme demasiado para no abrumar al lector/a.

En 1975 el psiquiatra estadounidense Raymond Moody publicó un libro titulado “Vida después de la vida” en el que describe la experiencia de las ECM`s y sus características básicas, de las que haré una breve síntesis. Tiene los doctorados en medicina y filosofía y fue el primer médico en estudiar de forma sistemática las experiencias que muchas personas han vivido en situación de muerte clínica o próxima a la misma. Explicó una serie de características que se repiten en la mayoría de los casos estudiados y de las cuales solo vamos a ver cinco de ellas. Son las siguientes:

1. Experiencia extracorpórea. La persona se siente salir de su cuerpo y flotar por encima de él. Es testigo de todo lo que ocurre alrededor de su cuerpo inerte. Siente que no ocupa espacio y que puede atravesar cualquier obstáculo físico. Tiene una visión intensa de 360º y puede escuchar cualquier sonido en cualquier lugar.

2. Un sentimiento intenso de paz y sosiego. Desaparece totalmente el dolor.

3. Un espacio oscuro que muchos perciben como un túnel, a través del cual se sienten atraídos hacia un punto de luz brillante al final del mismo.

4. Se siente invadido por una sensación de plena aceptación y amor incondicional, y por un profundo conocimiento y sabiduría.

5. Se encuentra y se comunica con personas cercanas fallecidas.

He omitido otros datos para no extenderme mas de lo necesario para el objetivo de este artículo.

Estas experiencias fueron relatadas por personas de todo el mundo que se encontraban en situación de muerte clínica, y que tras haber sido recuperadas cuentan lo que han vivido. Estos relatos están registrados en diversas investigaciones sin que se aprecien diferencias en los hechos relatados, aunque en algunos casos si en sus interpretaciones, que a veces van impregnadas de sus creencias. Por ejemplo algunos dicen haber estado en el cielo o haber visto a Dios.

En sectores conservadores del mundo científico hay cierta resistencia a admitir que estas experiencias sean reales, y se tiende a buscar posibles explicaciones considerándolas como alteraciones cerebrales en situaciones extremas, pero se han registrado casos que lo desmienten. Por ejemplo, personas ciegas de nacimiento describen perfectamente las maniobras de recuperación que les han realizado y los movimientos de los sanitarios, e incluso les dicen donde encontrar objetos extraviados por la tensión del momento. También se han dado casos de personas que describen las conversaciones de sus familiares que esperan en salas contiguas, etc. Por otra parte todos los que han vivido esta experiencia afirman haber tenido una gran sensación de paz y de sosiego y de desaparición total de cualquier dolor.

No parece razonable resistirse a admitir que existen fenómenos que se escapan de nuestro nivel de conocimiento, y que tenemos todavía mucho camino que recorrer hasta entender suficientemente la realidad de la vida y de la muerte. Lo lógico, en mi modesta opinión, es asumir nuestras limitaciones y admitir que es posible que nuestra conciencia sobreviva a nuestro cuerpo biológico y pueda vivir en otra etapa evolutiva, en otro nivel vital. Mi propuesta es apuntar una posible explicación que ayude a entender el papel de la muerte en nuestra existencia y nos ayude a perder el miedo que nos inspira.

Y para empezar debemos analizar un poco la “experiencia extracorpórea”. Esa sensación que muchos relatan de salirse de su cuerpo, de flotar sin sensación de tener peso, de poder atravesar cualquier obstáculo físico me inspira la idea de que en realidad lo que le ocurre es que ha salido de la dimensión del espacio. Las dimensiones del universo, que nacieron con él según nos dice la teoría vigente en el mundo científico (el Big Bang) son el espacio y el tiempo. Todo la materia que existe en el universo ocupa un lugar, un espacio que no puede compartir con nada mas, y cambia según transcurre el tiempo, porque nada es estático. Y todo lo que es material se ajusta a esta realidad.

En consecuencia la persona que se siente salir de su cuerpo, que siente que no pesa y que puede atravesar cualquier objeto físico, en realidad no ocupa un espacio físico, es decir que es inmaterial. Esto, que parece muy sorprendente y difícil de asumir, en realidad se comprende mejor si se tiene en cuenta que el componente único del universo, es decir la energía, en su estado original en el Big Bang era inmaterial ya que las primeras partículas de materia aparecieron un poco mas tarde del momento inicial. No veo ninguna razón por la que parte del universo e incluso de nosotros los humanos no pueda ser inmaterial. Y si lo pensamos con calma veremos que en nosotros hay muchas cosas que son inmateriales, por ejemplo las ideas, los recuerdos, etc. Se apoyan en las funciones cerebrales, pero no son el cerebro. Para que las ideas o los recuerdos se hagan materiales, tangibles, tenemos que escribirlos.

Por otra parte los que lo han vivido dicen que su visión mejora enormemente, abarca un ángulo de 360º y llega a cualquier parte sin que paredes y obstáculos físicos se interpongan. Y algo similar ocurre con el oído. Todo lo anterior me transmite la impresión de que las capacidades del ser humano, cuando sale de su cuerpo, se multiplican. Es como si el cuerpo lo limitase y al salir se libera como si saliese de una prisión.

Pero aunque haya salido de la dimensión del espacio no parece que también haya salido de la dimensión de tiempo. La persona que sale de su cuerpo contempla todo lo que ocurre paso a paso, observa desde fuera las maniobras de reanimación que los sanitarios realizan con él y escucha sus comentarios. Todo según el orden temporal habitual. Pero para abordar esto mejor contemplamos otra de las experiencias frecuentes en una ECM, el túnel.

Según relatan muchos de los que han vivido la experiencia extracorpórea, en algún momento después de salir de su cuerpo biológico se ven dentro de una zona oscura que aparenta ser un túnel. Se sienten atraídos a través de él y llegan a percibir una luz brillante al final, y cuando la alcanzan se encuentran en una zona luminosa en la que los reciben seres cercanos fallecidos con los que se comunican.

No voy a entrar en mas detalles para no extenderme demasiado, pero este fenómeno me recuerda a lo que en el mundo de la física cosmológica se denomina “agujero de gusano”. Esto es una suposición teórica derivada de la relatividad general de Einstein según la cual podría avanzarse a través de él a velocidades superiores a la de la luz. Esto supondría que un agujero de gusano sería un atajo para viajar a través del tiempo ¿Y si el famoso túnel fuese en realidad un agujero de gusano? ¿Y si en realidad fuese la forma en que la conciencia humana que ha salido de su cuerpo y de la dimensión espacial se aleja de la dimensión temporal? ¿Y si es la forma en que sale del tiempo?

En los años 80 del pasado siglo XX el astrónomo y divulgador Carl Sagan, creador de la serie televisiva “Cosmos”, escribió una novela titulada “Contacto” en la que la protagonista atraviesa un agujero de gusano y se encuentra en otra dimensión con su padre fallecido. De esta novela se hizo una película con el mismo título protagonizada por la popular actriz Jodie Foster. Es decir, que no soy yo el que se está inventando esta posibilidad, sino que otras personas mas preparadas ya lo habían anticipado. O sea que la persona que sale de su cuerpo y atraviesa el túnel llega a donde no hay espacio ni tiempo. Ninguna dimensión. No es de extrañar que algunos creyentes de cualquier religión digan que han llegado al cielo.

Además los que han llegado a esta situación cuentan que se sienten invadidos por un amor incondicional y una gran sensación de conocimiento total de la realidad. Y al volver a su cuerpo y a la vida terrenal su actitud vital cambia profundamente, convirtiéndose en personas mas solidarias, empáticas y sensibles al sufrimiento ajeno.

Conclusiones De todo lo expuesto podemos extraer algunas conclusiones razonables que trataré de explicar a continuación.

1. La muerte no es el final absoluto, sino que es el paso a otra etapa evolutiva, pero si es el final de nuestra vida biológica, que ya ha cumplido su papel de generador de la conciencia (el alma, en términos religiosos).

2. Al desaparecer nuestro cuerpo biológico desaparece de nosotros todo aquello que tiene carácter biológico. Por ejemplo la pulsión competitiva, las emociones, los instintos, etc.

3. Al desaparecer nuestras pulsiones biológicas desaparece también la tensión interior del ser humano entre ellas y las reglas morales o éticas que las frenan. De aquí nace la sensación de paz que relatan los que han vivido una ECM.

4. Al desaparecer radicalmente el afán competitivo, que nace de la ley biológica de selección natural que nos descubrió Charles Darwin, desaparece toda muestra de rechazo entre humanos, por lo que no es difícil imaginar que la relación entre ellos será de una unión intensa y profunda. De aquí nace, probablemente, el amor incondicional que relatan tras una ECM.

5. Si quisiera explicar con una metáfora el significado de la muerte diría que se asemeja a un parto. Nuestra conciencia nace y se desarrolla a lo largo de nuestra vida biológica de forma parecida a la gestación de un ser humano, pero como éste, en algún momento ha de nacer, salir del vientre de su madre (en este caso de su cuerpo biológico) e iniciar una nueva vida mas completa e intensa. Y sobre todo mas profundamente social.

Conclusión final

A la vista de todo lo anterior creo que se puede afirmar con argumentos racionales sólidos que la muerte solo es el final de nuestro cuerpo biológico y que nuestra vida continúa en otro nivel evolutivo de orden superior, de mayor nivel de integración colectiva y social. Por eso me atrevo a decirle a el/la lector/a que no le tenga miedo a la muerte, si acaso al dolor que haya que sufrir para alcanzarla. Pero esto debe ser muy parecido al sufrimiento del feto durante el parto, aunque sabemos que después empieza una vida distinta y superior arropado por los suyos. ¿No pensáis que esto tiene sentido?

Antonio París

Marzo 2020

LA PERSONA Y SU CONDUCTA

El ser humano es, entre otras cosas, un animal social. Y es una faceta esencial en su vida su integración en un entorno social, de tal manera que el hacer frente a las dificultades y el celebrar las alegrías, habitualmente se convierten en actividades con una gran interacción social.

Todos los seres humanos hemos necesitado en algún momento de nuestras vidas el apoyo y la ayuda de otras personas, sentir el calor de estar acompañados frente a la adversidad y la satisfacción de sentirse miembro activo de un grupo de personas afines.

Esta interacción con otras personas nos lleva a formarnos una opinión sobre ellas que, sobre todo cuando no se conocen suficientemente, nos puede conducir a cometer errores que, en algunos casos, pueden tener serias consecuencias para ellas.

La consideración fundamental que deseo transmitir es que hay que distinguir entre la persona y su conducta. Todos podemos estar mas o menos capacitados para juzgar la conducta de una persona, pero nadie esta capacitado para juzgar a la persona misma. Si existe un Dios, como afirman muchas religiones, él será el único capacitado para eso. Nosotros, los humanos de a pie, estamos incapacitados. Y no creo que en el futuro esto cambie.

¿Y por qué afirmo esto tan taxativamente? Pues porque la conducta humana es un fenómeno sumamente complejo que se forma a partir de una serie de circunstancias que, en su mayor parte están fuera de nuestro control. Como no pretendo hacer un estudio profundo sobre el tema solo expongo unos apuntes que espero clarifiquen la cuestión lo suficiente.

Los elementos básicos que forman y/o condicionan la conducta humana, según mi modesta opinión, son los siguientes:

La herencia genética. Es el factor condicionante mas importante. Marcará los límites para nuestro desarrollo personal. Como ejemplos extremos podemos citar las discapacidades o las psicopatías, que según la ciencia tienen raíces genéticas.

El aprendizaje social. Desde que nacemos empezamos a interactuar con nuestro entorno social y nos vamos impregnando de su cultura, y esto también condiciona fuertemente nuestra conducta.

La formación cultural. Los estudios que realicemos a lo largo de nuestra vida es evidente que influyen en nuestra conducta

La experiencia vital. Las experiencias vividas, sobre todo en edades tempranas, son tremendamente importantes y pueden condicionar intensamente nuestra vida posterior, sobre todo si incluye experiencias traumáticas mal procesadas

La motivación y esfuerzo personal. Este es el factor fundamental para cambiar nuestra vida si lo orientamos en la dirección adecuada.

Nuestra conducta es el resultado de la suma de estos factores. ¿Existe en el mundo algún científico o alguna universidad que pueda valorar en que porcentaje influye cada uno de ellos en nuestra conducta? NO, NO EXISTE. Hoy por hoy la ciencia no está preparada para ello, y sospecho que nunca lo estará del todo, así que juzgar la conducta de una persona no es juzgar a la persona misma, ya que los factores mas influyentes en su conducta, como la herencia genética y el aprendizaje social, no dependen de ella misma. La experiencia vital, sobre todo en edades tempranas, puede ser decisiva en nuestra conducta futura, y la infancia y la adolescencia que nos tocó vivir no la hemos elegido nosotros.

En resumen, nuestra conducta está fuertemente condicionada por una serie de factores que están fuera de nuestro control y que nosotros no hemos elegido. Por tanto hemos de tener mucho cuidado al relacionarnos con personas cuya conducta, de una forma u otra, nos suscita rechazo. El reflejo mas habitual es el de colocarles una etiqueta (imbécil, prepotente, raro, etc.) y descalificarlos sin más. Un formato muy común en los casos de acoso escolar y que se extiende a los adultos. Pero si fuésemos mínimamente ecuánimes deberíamos ser mas prudentes y pensar que muy probablemente su conducta sea el producto de incidencias y circunstancias de su vida que estaban fuera de su control. Es decir, insisto, no confundamos a la persona con su conducta.

Es cierto que hay personas cuya conducta es gravemente tóxica (por ejemplo, psicópatas) y en estos casos lo mejor es alejarse de ellas, si es posible, porque la ciencia no ofrece solución. Pero en una gran mayoría de casos su conducta a quien mas daña es a la persona misma, y entonces deberíamos evitar el rechazo, tratar de comprenderle, y si es posible, ayudarle. No es infrecuente que al emitir juicios sobre una persona se diga que no cambia su conducta porque “no quiere”, cuando lo mas racional sería decir que “no puede”. Y también es frecuente que se sentencie que alguna persona se merece lo que le ocurre por los errores que, a nuestro juicio, ha cometido, ignorando que los traumas del pasado pueden tener mucho que ver, y volviendo a confundir a la persona con su conducta. La enorme influencia de los factores que no controlamos y de los que además no solemos ser conscientes, condicionan fuertemente nuestra conducta, y si esta fuese muy negativa para la persona deberíamos tratar de convencerla para recibir ayuda psicológica.

En mi modesta opinión, el rechazo a estas personas esconde una mezcla de ignorancia y egoísmo. Ignorancia, porque hacerlas plenamente culpables de su conducta es desconocer que esta es fruto, en su mayor parte, de factores inconscientes e incontrolables. Y egoísmo, porque con el rechazo nos desentendemos cómodamente de la persona y sus problemas, o sea, decidimos que no es asunto nuestro. Y si somos, como no tengo ninguna duda, seres intensamente sociales, en alguna medida si es asunto nuestro. Al menos para evitar el rechazo, y si es posible, para ayudarle. Por favor, evitemos siempre el rechazo y si la persona es cercana tratemos de ayudarle. Eso es lo que nos define como seres sociales y lo que le da un sentido positivo a la vida.

Antonio París

DERECHOS HUMANOS EN EL SIGLO XXI

En este momento histórico que estamos viviendo, saturado de inseguridades, corrupciones y fanatismos de diversa índole, donde reina la confusión ideológica y el caos institucional, donde los valores que presuntamente regían nuestra convivencia están desaparecidos sin que se vislumbre una solución; en este tenebroso escenario los que luchamos contra el acoso laboral en estos tiempos de crisis moral generalizada nos preguntamos a que salvavidas, a que referencia podemos agarrarnos para no perder el norte y reorientar nuestra vida colectiva.

¿Queda algún rastro en nuestras sociedades occidentales del mensaje cristiano original que nos propone la utopía de un amor universal? ¿Y que decir de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, proclamada por Naciones Unidas en 1948? (1) ¿En alguna parte se tienen en cuenta sus orientaciones? No nos engañemos, en esta tesitura histórica las prioridades las marcan los poderes económicos en función de sus intereses, y las proclamaciones éticas, que todos enfáticamente vitorean, se quedan en una simple fachada de apariencias. En occidente todas son democracias, y por tanto se supone que el poder es de los ciudadanos, pero podemos encontrarnos con hechos como, por ejemplo, la modificación express del artículo 135 de la Constitución Española, donde se priorizan los intereses sobre las personas. Y no digamos del Tratado Trasatlántico para el Comercio y la Inversión (TTIP) cuya elaboración se está haciendo de espaldas a los ciudadanos y donde se pretenden priorizar los intereses de las multinacionales por encima incluso de la legalidad de los estados. ¿Encaja esto en la Declaración de los Derechos Humanos?

No es razonable pensar que por este camino nuestra realidad social va a mejorar, antes al contrario, seguirán imponiéndose de forma creciente los grandes intereses sobre los derechos de las personas y esto solo puede conducir mas pronto que tarde a una catástrofe social de grandes proporciones, si es que no se está produciendo ya. Y para los que estamos interesados en el fenómeno del acoso sabemos lo que significa esto en términos de incremento de los casos y de sus consecuencias. Se puede decir sin incurrir en exageración que estamos viviendo una situación de caos social, aunque ciertos sectores sociales que se resisten a los cambios lo nieguen sistemáticamente.

¿Cómo hemos podido llegar a esta situación? En el artículo titulado “Intereses vs valores” publicado en la Revista Acosados del pasado mes de marzo, dábamos una explicación de por qué los intereses suelen prevalecer sobre los valores. Pero mas allá de esto hay un factor importante que quienes nos llevan a esta situación caótica suelen ignorar, y es el cambio.

¿Qué queremos decir con esto? Pues sencillamente que el cambio constante es un componente esencial del universo en el que nos ha tocado vivir. Desde el mundo de la ciencia a este cambio se le llama evolución, y de entrada nos sirve para que tengamos claro que esa pretensión que tienen algunos de que las cosas no cambien es absolutamente inútil. Las cosas no han hecho mas que cambiar constantemente desde el comienzo del universo, hace 13.700 millones de años, y a un ritmo de aceleración creciente. Y por supuesto las sociedades humanas organizadas, también. No hay excepciones.

Y al constatar esta realidad deberíamos preguntarnos, por simple sentido común, si este cambio constante tiene algún sentido o es puro azar, puro desorden. Y es curiosamente el desorden el argumento principal que esgrimen los que en nuestras sociedades se oponen al cambio. Respecto al posible sentido del cambio evolutivo tenemos un antecedente en las ideas del paleontólogo y sacerdote jesuita francés Pierre Teilhard de Chardin (2), que en la primera mitad del siglo XX ya apuntó que la evolución tendía a aumentar la complejidad. Bien, ya tenemos algo. Si la evolución, o el cambio constante, como queramos llamarle, tiende a producir elementos mas complejos, ya tiene algún sentido. Ya no es un caos, un desorden. Hay un orden pues, pero quizá no sea el que algunos quieren mantener, conservar. Habrá que verlo.

Mas recientemente, en 2001, el científico norteamericano Steven Johnson (3) aplicó a la evolución un nuevo concepto: los sistemas emergentes. ¿Y en que consiste esto? Para los que, como yo mismo, son poco versados en temas científicos lo podríamos explicar así: se trata de que “de una combinación de elementos simples surge un sistema mas complejo y de características imprevisibles a partir de los elementos que lo componen”. Un ejemplo fácil de entender es el del agua, ya que una molécula de agua se compone de una molécula de oxígeno (un gas) y dos de hidrógeno (un gas altamente inflamable). ¿Puede haber algo mas imprevisible? De dos gases nace un líquido que mas adelante evolutivamente será la cuna de la vida. Pero existen ejemplos mas asombrosos, que nos resultan mas cercanos y que el mismo Steven Johnson desarrolla con amplitud. Uno de ellos es el de las hormigas, seres muy simples pero cuya conducta colectiva es sumamente compleja y que supera con mucho las posibilidades de sus individuos. Otro ejemplo similar es el de las abejas, donde vemos que la organización de las colmenas supera con mucho las capacidades de cada abeja. Pero donde esto es mas evidente es en la mente humana. Aquí nos encontramos con las células cerebrales, las neuronas, de enorme simplicidad. No tienen mas que dos posibilidades, activadas o desactivadas. Imposible imaginar algo mas limitado. Pero sin embargo cuando se conectan entre si los 100.000 millones de neuronas que existen en el cerebro humano dan lugar al fenómeno mas complejo y mas avanzado de la evolución del universo: la mente humana.

Y bien, llegados a este punto podríamos preguntarnos, ¿cuál será el siguiente paso evolutivo? Sin duda sería encontrar el resultado de la interconexión entre un gran número de mentes humanas, cuyo resultado sería como siempre ocurre en la evolución del universo, imprevisible. Y esto podríamos pensar que ya está ocurriendo con la formación de las diversas sociedades humanas, cuya integración provoca que sus miembros tengan mejores condiciones de vida. Pero no es suficiente para comprobar que, como siempre, es algo imprevisible. A lo largo de la historia humana hemos visto como tras diversas crisis, guerras y catástrofes varias han surgido nuevos avances en la civilización que nos aleja de la ley de la selva. Pero hay un detalle importante que hay que resaltar. Siempre antes de un cambio importante en la civilización humana se produce una gran crisis, una gran confusión con apariencia de ser el final de los tiempos. Y a partir de ahí comienza una etapa de nivel superior en la misma civilización. Es lo que ha ocurrido con las guerras mundiales del siglo XX, y como resultado de la última surgió la Declaración Universal de los Derechos Humanos de Naciones Unidas, un buen punto de partida para una nueva humanidad.

Y esto nos lleva a una nueva reflexión. ¿Estamos viviendo un momento clave en la evolución humana? ¿La gran crisis socioeconómica mundial que nos agobia es la antesala de un importante cambio en la civilización humana? Siempre ocurre así en la evolución universal, las grandes crisis son la antesala de los grandes cambios. ¿Es esto lo que nos ocurre? Si fuese así, ¿qué gran cambio se nos avecina?

Modestamente nosotros pensamos que nunca en la historia ha llegado a sectores tan amplios de la población la percepción de que están, estamos, siendo manipulados y desinformados para que asumamos con normalidad el estatus de inferioridad y sometimiento que se nos ha asignado por parte de los poderes económicos. Esta crisis y sus consecuencias han sacado a la luz pública las causas de la enorme desigualdad en las sociedades humanas, y los manejos de los sectores privilegiados para mantener su estatus. ¿Será esto lo que va a cambiar?

A nosotros, humildemente, nos parece una evidencia que estamos a las puertas de un gran cambio, que como todos los grandes cambios evolutivos provocará la aparición de un nuevo sistema emergente. Es decir, emergerá una nueva sociedad humana que, cual colmena gigantesca, podrá conseguir una conducta colectiva que desbordará la inteligencia de cualquiera de nosotros, como por otra parte corresponde a cualquier sistema emergente. Y esto se conseguirá encontrando la conexión correcta, o lo que es lo mismo, encontrando las interconexiones sociales que hagan surgir un nuevo ente colectivo que tenga vida y conducta propia. Y a esto, que parece una utopía y sin duda lo es, le ocurre lo mismo que a todas las utopías que en el mundo han sido, que por definición son inalcanzables pero también irrenunciables.

Y ahora surgen las preguntas lógicas. ¿En que dirección debemos evolucionar para alcanzar este sistema emergente? ¿Son las actuales sociedades occidentales, fuertemente competitivas, las adecuadas para alcanzar este objetivo? Sin duda, no. No parece racional pensar que la competición sea la herramienta adecuada para acercarse a una sociedad mas interconectada, mas bien debería ser la cooperación.

Esto nos lleva a considerar la enorme dificultad que supone alcanzar una fuerte integración social entre personas y colectivos de orígenes diversos, de culturas diversas, de sistemas de creencias diversos, etc. Pero esto no debe llevarnos a pensar que es un error intentarlo, porque no tenemos otra opción. La evolución del universo tiene sus propias reglas y no son opcionales. Podemos seguir en la dirección actual de creación de grandes desigualdades y de explotación inhumana de los sectores privilegiados a las mayorías mas desfavorecidas, pero esto nos conducirá al desastre y probablemente a nuestra desaparición como especie, lo que tampoco sería una catástrofe universal. Millones de planetas similares al nuestro habrán dado lugar a vida inteligente, y seguramente con una conducta mas acertada que la nuestra.

Así que tendríamos que dar un giro radical a nuestras prioridades. Y para ello, teniendo en cuenta que cualquier avance evolutivo se producirá inexorablemente por la unión de elementos y no por su separación o su competición, habrá que considerar qué elementos básicos tenemos en común los humanos, cualquiera que sea nuestra raza, origen o sistema de creencias, que podamos considerar como irrenunciables. Y esa tarea ya está hecha, se trata de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de Naciones Unidas. Este debería ser el punto de partida, un mínimo inexcusable que debería ser el objetivo prioritario de cualquier sociedad humana que quiera ser respetada y respetable. Y ninguna otra prioridad debería prevalecer sobre esto, lo digan “los mercados”, la OCDE, el FMI o el “Sursum Corda”. Y esto significa avanzar en la civilización, y lo contrario retroceder hacia la selva de la que todos procedemos.

Ningún problema social de los que nos agobian en el mundo actual, incluyendo el acoso, tendrá solución si no abordamos de forma colectiva y decidida la transformación de nuestras sociedades a partir de un principio ético básico como es la citada Declaración Universal. Y no olvidemos que ésta también está sometida a las leyes evolutivas, y por tanto irá cambiando. De hecho, en el año 2004 en Barcelona se proclamó la Declaración Universal de Derechos Humanos Emergentes (4), donde se amplían y se actualizan los conceptos de la Declaración de 1948. Pero naturalmente no ha tenido la repercusión que debería, porque en el mundo de hoy los derechos humanos son ignorados sistemáticamente.

Este mundo es un caos moral intolerable. Cambiémoslo, dispongámonos a transformarlo, no caben mas demoras. El momento es YA.

Antonio París 

(1) http://www.derechoshumanos.net/normativa/normas/1948-DeclaracionUniversal.htm?gclid=CIP6wbaPnsQCFWfmwgodERIAbg

(2) El fenómeno humano. Teilhard de Chardin. Taurus Ediciones S.A. 1965

(3) Sistemas emergentes. Steven Johnson. Turner Publicaciones S.L. 2001

(4) http://www.idhc.org/esp/1241_ddhe.asp

ORIGEN Y DESTINO DE LAS PERSONAS

No deja de ser sorprendente que en pleno siglo XXI todavía amplios sectores de la población sigan aferrándose a una idea estática de la vida, a una visión inmóvil del mundo, cuando es una evidencia que nada está parado, que el planeta, la historia y el universo entero están cambiando aceleradamente, y que este cambio parece estar gobernado por leyes que aun no conocemos y que están fuera de nuestro control. Y en este contexto resulta chirriante como se pretende en ocasiones defender costumbres éticamente reprobables con el peregrino argumento de que “es una tradición ancestral”, como si las tradiciones no debiesen ser superadas por los avances éticos. ¿No eran tradiciones el circo romano o los duelos de honor, por ejemplo?

Y si aplicamos este enfoque a la vida de las personas aun resulta mas evidente. Desde que somos concebidos en el vientre de nuestra madre hasta que dejamos este mundo no hemos parado de cambiar, y si bien el proceso en su conjunto es inevitable, si está a nuestro alcance influir en él para tratar de mejorar nuestra vida, cosa que no siempre logramos, por supuesto. Una primera consecuencia que deberíamos extraer de esta realidad es que no es posible avanzar hacia una vida mas plena sin tener en cuenta su condición dinámica y sin adaptarnos a ella.

Un clásico de la zoología, Ernesto Haeckel, formuló en el siglo XIX una ley que fue muy discutida en su época, como todo el evolucionismo, y que hoy se considera indiscutible: “La ontogenia es una recapitulación abreviada de la filogenia”, lo que hablando en román paladino viene a decir que la génesis, el desarrollo de cada individuo, reproduce de forma abreviada la génesis, la evolución de toda la especie. No vamos a profundizar en esto, basta con considerar que nos aclara de donde venimos, cual es nuestro origen, como nuestros embriones apenas se diferencian de los de otras especies, y como van diferenciándose paso a paso durante su desarrollo. Es revelador sobre quienes somos y de donde venimos.

Pero esto no es todo, porque este proceso evolutivo biológico por el que cada individuo reproduce la evolución de su especie, continúa con la diferenciación genética entre individuos. No solo nos diferenciamos entre especies, también entre individuos de la misma especie. Y esto es un hecho importante que debemos resaltar: La evolución biológica tiende a la diferenciación. Es un hecho que, dentro de las pautas de la especie, todos somos diferentes. No hay dos individuos iguales. Y esto tiene un objeto claro, seleccionar a los mas adaptados al medio en que viven, los que mejor pueden sobrevivir y reproducirse. ¿Y como los selecciona la evolución? Pues por la competición entre especies y entre individuos. Ampliamos entonces la afirmación anterior: La evolución biológica tiende a la diferenciación y la selección de los mas adaptados para la supervivencia. Y la consecuencia es la competición entre ellos.

Pero claro, el ser humano no es solo biología, sino que incluye una mente capaz de reflexionar, una conciencia, un sentido ético de la vida. Y esto introduce en nuestra naturaleza el nudo de todos los conflictos, la tensión permanente entre nuestra conciencia y nuestra biología. Salvo en las personalidades antisociales como psicópatas, narcisistas y demás, que como no tienen conciencia …. pues eso.

Y este es el drama esencial de la especie humana, una lucha permanente entre nuestros instintos biológicos y nuestra conciencia, nuestra ética. Porque no olvidemos que la ética es la culminación de la racionalidad y también está en evolución, lo que ocasiona que antiguas y asentadas tradiciones sean rechazadas por los avances éticos. No creo que haga falta reiterar ejemplos. Esto implica que, si como dicen los filósofos, la ética es la reflexión sobre la moral, y la moral es el conjunto de normas de conducta que favorecen la convivencia entre las personas, podemos fácilmente deducir que sus objetivos son opuestos a los de nuestra biología. La biología tiende a la competición y la conciencia ética a la cohesión. O dicho de forma mas simple, la biología separa y la conciencia une.

Bien, es momento de frenar el ritmo y extraer conclusiones. La tensión entre nuestra conciencia y nuestra biología de la que hablábamos antes, se ve ahora con mas claridad. Podemos decir que el ser humano es una conciencia alojada en un animal y que frecuentemente discuten. El animal intenta siempre salirse con la suya, pero la conciencia le pone límites, normas, reglas para convivir razonablemente con los demás. Y esta disensión interna a veces puede alcanzar gran intensidad ocasionando neurosis, ansiedad, depresión, etc.

¿Y que se puede deducir de esta realidad? Pues que el reto fundamental de cada uno de nosotros es conseguir que nuestra conciencia se imponga cada vez mas a nuestra biología, porque prescindiendo de cualquier tipo de creencias, parece razonable que si la conciencia es el producto mas avanzado de la evolución y que nosotros, los humanos, la tenemos en exclusiva, deberíamos cultivarla y desarrollarla todo lo posible. Y eso implica que se vaya imponiendo a nuestras pulsiones biológicas, con el considerable esfuerzo que ello supone. Es nuestra tarea vital personal e intransferible, irrenunciable e inexcusable y la base para la construcción de sociedades humanas mas cohesionadas.

Conclusiones de orden práctico que podemos extraer de lo expuesto:

Cada uno de nosotros ha de esforzarse a lo largo de su vida en controlar, que no anular, que es imposible, sus pulsiones biológicas. Para ello existe la ética, y en base a ella debemos llegar a una negociación con el animal que nos aloja, haciéndole concesiones que no impliquen perjuicios para terceros. Es una lucha permanente e insoslayable si no queremos que nuestro animal nos domine, y la podríamos denominar “la conquista de la libertad”, porque solo dominando nuestros impulsos instintivos nos sentiremos libres. Por eso muchos personajes públicos que aparentemente defienden ideologías promotoras de cohesión social, se corrompen, porque están perdiendo su batalla interior.

En el ámbito colectivo lo anterior se traduce en que debemos impulsar la cohesión social y la cooperación por encima de la competición, que eso significa hacer que la conciencia se imponga a la biología. Y eso a su vez significa que cualquier teoría, doctrina o pensamiento, asi como cualquier organización social, política o económica que no prioricen esta consideración deben ser rechazadas, porque contradicen el destino humano. Y en este contexto encaja perfectamente el pensamiento neoliberal que domina el mundo en estos momentos y que apunta claramente en la dirección contraria a la evolución. Y no olvidemos que la evolución va a seguir avanzando, con nuestra ayuda o sin ella, y de no seguir conscientemente su ruta nos estrellaremos, provocaremos guerras, aumentaremos las desigualdades humanas hasta lo intolerable y destruiremos el planeta.

Esta es la lección fundamental de la vida, estamos sumergidos en una evolución universal cuyas leyes apenas comenzamos a intuir, pero que apuntan en una dirección muy nítida, la de una sociedad humana cada vez mas interconectada y cooperativa. Y eso nos obliga a esforzarnos y ajustarnos a ella. Lo contrario nos llevaría a la desaparición de nuestra especie y tal vez de nuestro planeta, lo que no sería nada grave. Sin duda en el universo hay mucha vida inteligente, y mas inteligente que la nuestra, seguramente.

Antonio París

DECIA HERACLITO

En la antigua Grecia decía Heráclito que “el fundamento de todo está en el cambio incesante” y añadía que este cambio está regido por una ley, a la que denomina “logos”, y que esta ley “le habla al hombre”, aunque la mayoría de las personas “no sabe escuchar ni hablar”. Vamos, que no nos enteramos. Si en algún momento histórico esto se manifiesta con gran claridad es en éste, donde nos parece una evidencia que la mayoría de los humanos vive y actúa como si todo fuese estático, al margen de la existencia de un logos, de una ley que gobierna el cambio, a la que hoy llamaríamos ley de la evolución.

¿Y por qué destaco esta realidad? Pues porque no deja de resultar chirriante que haya tantas personas que se resisten a los cambios, que apelan a la estabilidad, que defienden costumbres cada vez menos tolerables éticamente con el argumento de que se trata de “tradiciones ancestrales”, y que se aferran al inmovilismo por miedo a lo desconocido, al cambio, en suma. Y esto es una constante en la historia humana, hasta el punto de que aquellos que se atrevieron a proponer cambios sustanciales en el ideario o las creencias socialmente asumidas, fueron ferozmente criticados y amenazados, como Galileo Galilei o Charles Darwin, o incluso sacrificados, como Jesús de Nazaret, Mahatma Gandhi o Martin Luther King.

Y si el cambio afecta a la naturaleza, las personas, la sociedad, los países, el mundo y hasta al universo entero, no tiene sentido vivir ignorándolo, ni puede ser sano vivir de espaldas a esta realidad y comprometiendo nuestro futuro. Porque si el cambio marca una tendencia, una dirección evolutiva, deberíamos ajustarnos a ella, porque lo contrario solo nos conducirá al desastre antes o después.

En un artículo anterior titulado “Corrupción, psicopatía y acoso” (Revista Acosados, agosto 2015) hacíamos una valoración del sistema neoliberal que actualmente domina el mundo a través de un control financiero global, cuyos objetivos están manifiestamente claros en los tratados comerciales que se están negociando silenciosamente(TPP) (1) (TTIP, CETA, TISA) (2) Decíamos que el sistema neoliberal es el ideal para generar corrupción dada su obsesión por eliminar todo tipo de reglas y normas que limiten su actividad, y decíamos también que estas obsesiones coinciden con el perfil de la personalidad psicopática. Por poner un ejemplo sencillo, imaginen un partido de fútbol sin reglamento y sin árbitros. Una locura, sin duda. Pues a esa locura nos quieren llevar con los tratados referidos. A una locura psicopática. ¿Será que el comercio mundial lo están gobernando los psicópatas? Saquen conclusiones ustedes mismos.

Lo que tenemos que tener muy claro es que la quietud, el inmovilismo es la muerte, es el final. Charles Darwin decía que “no sobreviven los mas fuertes, ni los mas inteligentes sino los que mejor se adaptan a los cambios”. Tenemos que evolucionar, y además hacerlo en el sentido que nos marca la evolución del universo, que por algo lo hace. Y claro, viene la pregunta del millón: ¿cuál es ese sentido? Trataremos de explicarlo.

Desde el nacimiento del universo, hace 13700 millones de años, los avances evolutivos se han producido por asociación de elementos. Desde las partículas subatómicas que se asocian para formar átomos, pasando por los átomos que se asocian para producir moléculas, la materia evoluciona hasta llegar a producir la vida. Y lo hace en base a un fenómeno esencial en la evolución: la emergencia evolutiva. ¿En que consiste? Pues en que cuando se asocian elementos de un determinado nivel, por ejemplo átomos, surge algo nuevo, la molécula, algo que resultaría imprevisible para un observador externo. Otro ejemplo típico de esto es el agua. Su fórmula química es H2O, es decir dos moléculas de hidrógeno y una de oxígeno. Pero en estado natural ambos son gases, y el hidrógeno muy inflamable, y sin embargo el resultado de su combinación es el agua, un líquido, y el menos inflamable que existe. ¿No es paradójico e imprevisible? De dos gases ha nacido un líquido, un elemento mas complejo y casualmente esencial para la aparición de la vida.

Esta es la emergencia evolutiva, porque de dos elementos mas simples, cuando se combinan emerge un elemento mas complejo y completamente imprevisible. Y este fenómeno se reproduce a lo largo de toda la evolución del universo y es la clave de todo el proceso evolutivo. SIEMPRE SE AVANZA POR COMBINACIÓN DE ELEMENTOS DE LOS QUE EMERGE ALGO MAS COMPLEJO Y DE CARACTERÍSTICAS IMPREVISIBLES. De esta forma surgió la vida, y dentro de la evolución de la vida emergieron conductas cada vez mas complejas y avanzadas. Esto lo explica con gran claridad Steven Johnson en su libro “Sistemas emergentes” (3), donde analiza las conductas de las hormigas en el hormiguero, de las abejas en la colmena y de los humanos en los pueblos y los barrios. Destaca que en todos estos casos la conducta colectiva alcanza unos niveles de complejidad que superan con mucho las capacidades de las unidades individuales. Tanto las hormigas como las abejas desarrollan una actividad en busca de la supervivencia colectiva que sus individuos, limitadísimos mentalmente, no podrían desarrollar por si solos. Existe otro ejemplo muy característico que clarifica mejor que ningún otro este fenómeno, y es el del cerebro humano. Tal como conocemos está compuesto por unos 100.000 millones de neuronas, y cada una de ellas es de una simplicidad absoluta. Una neurona solo tiene dos posibilidades, activada o desactivada, encendida o apagada. ES DE LA INTERCONEXIÓN DE 100.000 MILLONES DE NEURONAS DE LA QUE EMERGE EL FENÓMENO MAS COMPLEJO DE LA NATURALEZA: LA MENTE HUMANA. La mente humana es un fenómeno colectivo, el resultado de la interconexión de elementos muy simples.

Volviendo al principio de este artículo, el “logos” de Heráclito lo vemos hoy como la emergencia de niveles evolutivos mas complejos y avanzados a partir de la asociación de elementos mas simples. Es decir PARA AVANZAR HAY QUE ASOCIARSE, HAY QUE INTERCONECTARSE, HAY QUE UNIRSE. No hay otro camino. Cuando desde el pensamiento neoliberal se nos dice que hay que competir, es evidente que se ignora o se elude esta realidad, por ignorancia o por egoísmo. La competencia, que en alguna medida es ineludible dada nuestra condición biológica, ha de ser regulada, controlada, limitada en suma, para que no estorbe ni impida la interconexión entre personas ni sociedades, porque esta tiene que ser la prioridad. La competencia como prioridad solo existe en el mundo biológico, en la selva, o sea en un estado evolutivo anterior, donde los animales mas fuertes y adaptados a ella se imponen y los débiles son sacrificados, pero los humanos, sin dejar de ser animales debemos tener otra prioridad, la interconexión, la unión colectiva, porque solo a partir de ella podremos ascender a niveles evolutivos superiores. Lo contrario es el retroceso hacia un nivel evolutivo inferior, el primitivismo animal, eso si, disfrazado con profundos tecnicismos que tratan de presentarnos el retroceso como avance, como el único camino posible, cuando es en realidad el camino hacia el abismo. ¿Y como consiguen esto? Pues mediante la manipulación.

La manipulación es la herramienta fundamental con la que quienes se sienten mas fuertes quieren hacernos retroceder hacia la selva, y tratan de ocultarnos la realidad y arrastrarnos hacia sus objetivos. Es un conjunto de técnicas sofisticadas que merecen un capítulo aparte. Pero mejor lo dejamos para otro día.

Antonio París

(1) http://www.vnavarro.org/?p=11883

(2) http://www.eldiario.es/euroblog/Pequena-tratados-comercio-quieren-colar_6_298580151.html

(3) Sistemas emergentes. Steven Johnson. Turner Publicaciones S.L. 2001

LA MANIPULACION

Decíamos ayer, es decir el mes pasado (Revista Acosados septiembre 2015), que la manipulación es la estrategia habitual de quienes nos arrastran hacia sus objetivos, de quienes nos imponen sus presuntas soluciones como las únicas posibles y cuyos manejos coinciden con los típicos de las personalidades psicopáticas. Lo preocupante es que esta estrategia es una de las que usan quienes manejan el poder financiero mundial.

El psicólogo Robert Hare, de la Universidad de Columbia Británica en Canadá, establece 20 claves para detectar a un psicópata, de las cuales destacaremos algunas que nos parecen marcadamente aplicables al tema que nos ocupa:

Se comportan manipuladoramente. Y si son lo suficientemente inteligentes los demás no notarán estas conductas psicopáticas. Me parece que la propagación sistemática del “mantra” neoliberal, que se vende como un artículo de fé que no admite objeciones, encaja a la perfección con una conducta manipuladora y psicopática que, sin embargo, no es detectada por amplias capas de la población.

Les falta empatía. Son indiferentes. Y hasta pueden manifestar crueldad. La indiferencia absoluta de los poderes financieros hacia la población de los países del tercer mundo, cuyas materias primas son esquilmadas a bajo coste mediante una explotación laboral cercana a la esclavitud, o el apoyo a países dictatoriales en función de intereses económicos, son muestras de este perfil psicopático de la conducta de los poderes mundiales. Y sobre su posible crueldad solo hay que ver el trato dado a Grecia recientemente para ver que no hay piedad con quien no se somete.

Carecen de metas realistas a largo plazo Esta es una de las características mas definitorias de la conducta psicopática. Jamás piensan a largo plazo, van al beneficio inmediato sin pensar en las consecuencias. Y si éstas son negativas las culpas siempre son de otros, jamás asumen sus errores, son irresponsables. Por esto las desigualdades entre humanos aumentan y el planeta se está consumiendo.

Tienen predilección por los delitos que requieren de la manipulación de otros. Esto significa recrearse en utilizar a los otros como objetos, y es lo que hacen los poderes financieros, considerar a los humanos solo como consumidores y herramientas a manipular.

No insistimos en mas comparaciones porque es suficiente con lo expuesto para ver que la conducta de los poderes que dominan el mundo es claramente psicopática. Y no solo estos poderes, también a niveles sociales inferiores se cumplen estas reglas siempre y cuando haya cierta concentración de poder, porque el poder es erótico e induce a la conducta egocéntrica, insolidaria y psicopática. El poder es el elemento corruptor por excelencia, y quien lo ignore correrá un alto riesgo de ser una víctima mas, o de ser un corrupto mas, si tiene ocasión.

Pero ahora vamos a entrar en materia. Y es que vamos a ver como funciona esto de la manipulación, y para ello trataremos dos casos diferentes: a) manipulación de personas concretas y b) manipulación de la sociedad a través de los medios de comunicación.

En el primer caso generalmente nos encontramos con lo que se suele llamar psicópatas carismáticos e integrados, que son mentirosos encantadores y atractivos, que utilizan sus habilidades casi demoníacas para conseguir que otros hagan lo que les interesa. Tienen capacidad oratoria y encanto superficial, y son conquistadores en una primera impresión. Mienten sin ningún reparo si lo necesitan para conseguir sus objetivos, y los demás no suelen detectar la falsedad de sus conductas. Jamás aceptarán haberse equivocado ni ser culpables de nada, los culpables son siempre otros. Dado que siempre persiguen sus propios objetivos por encima de todo, en la medida en que lo consigan serán siempre muy dañinos para el entorno social en que se mueven, provocan tensiones interpersonales y destrozan la cohesión de cualquier grupo. Este tipo de personajes abundan en aquellos ambientes donde las habilidades sociales son importantes para escalar posiciones, como la política o las finanzas.

Pero las herramientas de manipulación varían bastante cuando se trata de manipular a sociedades enteras, el segundo caso que contemplamos. Los objetivos son los mismos de siempre, conseguir de los demás lo que interesa, pero en este caso todo ocurre a otro nivel, y la herramienta fundamental son los medios de comunicación.

Existe un decálogo de estrategias de manipulación que se atribuye, parece que erróneamente, a Noam Chomsky y que comentamos a continuación.

1. Estrategia de distracción. Consiste en distraer la atención de la población de los temas importantes mediante noticias continuas e irrelevantes.

2. Crear problemas y después ofrecer soluciones. Se llama también estrategia “problema-reacción-solución”. Un ejemplo muy actual podría ser crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario la reducción de derechos sociales y los servicios públicos. ¿Les suena?

3. Estrategia de gradualidad. Es la forma de que medidas que serían inaceptables aplicadas de una vez, se vayan aplicando gradualmente en años sucesivos para su mejor digestión. Todos los retrocesos sociales que estamos viviendo son un claro ejemplo de esto.

4. Estrategia de diferir. Se anuncia una medida “dolorosa pero necesaria” para un futuro próximo, y de esta forma se consigue que se vaya aceptando con resignación.

5. Dirigirse al público como niños. Tratar al público como seres infantiles para, por sugestión, conseguir reacciones primarias desprovistas de sentido crítico.

6. Mensaje mas emocional que reflexivo. Se trata de provocar reacciones primarias sin sentido crítico e inducir miedos, temores y cambios de comportamiento.

7. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad. Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y esclavitud.

8. Estimular la mediocridad. Se trata de divulgar y estimular la vulgaridad y la incultura. Un pueblo inculto es mas manipulable.

9. Reforzar la autoculpabilidad. Se trata de hacer creer a los individuos que son los culpables de su propia situación, disminuyendo su autoestima y forzando su inacción.

10. Conocer a los individuos mejor que ellos mismos. Consiste en la utilización por parte de las élites de la información proporcionada por la neurobiología y la psicología aplicada para controlar a la población

Como conclusión de todo lo anterior podemos afirmar que la manipulación es una herramienta imprescindible para los psicópatas en la persecución de sus objetivos, tanto a nivel individual como corporativo, y la única forma de impedir su dominio es la toma de conciencia de esa realidad por sus presuntas víctimas. Es a partir de esto que se puede aspirar a cambiar la situación.

En realidad esto ya lo anticipó Sigmund Freud al establecer que nuestra liberación es “tomar conciencia” de nuestros impulsos inconscientes. Al fin y al cabo toda liberación, sea de nosotros mismos o de otros, empieza por una toma de conciencia, así que EMPECEMOS YA.

Antonio Paris

LA CONQUISTA DE LA LIBERTAD

Decíamos ayer, es decir el mes pasado, que la libertad es la independencia que tenemos sobre nuestro medio ambiente interno, nuestra biología. Y que debemos distinguirla de la autonomía, es decir, de la independencia que tenemos sobre el medio ambiente externo, a la que coloquialmente se la confunde con la libertad. Y que esta distinción es clave para entender nuestra realidad y nuestro destino.

Pero, ¿de que forma repercute en nuestra vida esta distinción? Pues de múltiples maneras. Como muestra pensemos que nos evitaría que nos hiciesen arengas engañosas apelando a la libertad, tales como por ejemplo aquella proclama de un expresidente del gobierno que decía que “quien me va a decir a mí cuantos vinos puedo tomar antes de conducir”, que en realidad apelaba a su autonomía, a su santa voluntad por encima de cualquier regla. El verdadero ejercicio de su libertad sería que él se autocontrolase voluntariamente y dominase sus apetencias vinícolas. De esa forma no estaría tan esclavizado por sus aficiones, sería mas libre y tendría en cuenta los derechos de los demás.

La confusión entre autonomía y libertad ha de ser superada si queremos que las sociedades humanas avancen hacia mayores niveles de civilización, y para eso hay que tener claro que nuestro deseo de autonomía nace de nuestra biología, del impulso natural a satisfacer nuestros deseos. Es algo que compartimos con el resto de los animales. Sin embargo nuestra libertad es exclusiva de la condición humana, porque somos la única especie que puede contradecir sus impulsos biológicos, que puede controlar sus deseos instintivos. Y en la medida en que lo consigue avanza hacia una mayor libertad, y podrá tomar decisiones mas liberadas de sus impulsos inconscientes, mas apoyadas en razones éticas.

Es evidente que la libertad absoluta es una utopía, es algo que jamás alcanzaremos en esta vida. En la otra si acaso, si es que existe. En esta siempre estaremos condicionados por nuestra biología, y por tanto habremos de negociar con ella para que no se nos subleve y tenga al menos el mínimo de satisfacción que necesita. Porque no podemos olvidar que como animales que somos necesitamos alimentarnos, reproducirnos y sentirnos parte de un núcleo social (de una manada), y nuestra tarea consiste en hacer todo esto compatible con una visión ética de la vida. Y la ética consiste en a) poner límites racionales a nuestros actos en función del respeto a los demás, y b) perseguir objetivos que conduzcan a una mayor unidad e integración social. Por tanto es preciso que cada uno de nosotros se proponga conquistar su propia libertad, porque es la condición imprescindible para que la sociedad avance hacia objetivos de máxima integración. Solo seres humanos realmente libres pueden construir una sociedad mas cohesionada y mas justa.

Si todos tuviésemos claro este concepto sería imposible que nos manipulasen con ideologías que nos proponen, o mejor, que nos imponen la competitividad y la desigualdad como objetivos inexcusables. La pulsión competitiva y su consecuencia, la desigualdad, son manifestaciones biológicas del principio darwinista de la “selección natural”. Todos llevamos en nuestros genes el ansia de competir, pero es una misión personal inexcusable esforzarnos en contenerla dentro de límites éticos, y mas aún, impulsar nuestra ética a mayores niveles de exigencia. La selección natural tiende a la eliminación de los menos adaptados, pero la ética tiende a la integración de todos, y la ética, no lo olvidemos, es la culminación de la racionalidad, el distintivo fundamental de la especie humana.

Por tanto tengamos claro que para que la civilización humana avance es imprescindible que sus individuos se esfuercen en controlar sus impulsos biológicos y suban su nivel ético, o lo que es lo mismo, que se esfuercen en la conquista de su libertad.

Antonio París

AUTONOMIA Y LIBERTAD

Decíamos ayer que la corrupción, un fenómeno de máxima actualidad, es el caldo de cultivo del acoso. Y también que el pensamiento neoliberal es de máximo riesgo de corrupción, y por tanto de acoso. ¿Por qué? Porque promueve la reducción de las normas y reglas que tratan de controlar la actividad humana y mantenerla dentro de unos límites éticos. Y esto lo hace, supuestamente, para defender la “libertad” individual.

Siempre me ha llamado la atención la pasión con que ciertos pensadores liberales defienden sus ideas en nombre de la libertad, con alegatos ciertamente atrayentes y cargados de emotividad. No cabe duda que el concepto “libertad” es impactante y es algo a lo que ningún ser humano quiere renunciar, porque lo sentimos como algo esencial en nuestras vidas. Pero dado que es inevitable que la libertad de unos choque con la libertad de otros, algún tipo de normas ha de haber, y esto lo admiten hasta los liberales mas radicales, pero ¿dónde ponemos el listón?

En el mundo salvaje no existe ninguna norma, y por tanto se impone la ley del mas fuerte, y me temo que en el fondo, consciente o inconscientemente, de eso se trata. Quizá es lo que late en las raíces del liberalismo, imponer la ley del mas fuerte, y eso les lleva a exigir la reducción de todo tipo de normas en nombre de la libertad. De la libertad del mas fuerte, claro. Pero también decíamos ayer que las normas estorban a las personas muy competitivas, y no digamos a los psicópatas, la máxima expresión competitiva y acosadores profesionales. Nunca veremos a un psicópata que promueva normas éticas, salvo que sea un político en campaña electoral. Por tanto es inevitable relacionar esta tendencia a reducir las normas a la personalidad psicopática y a sus aproximaciones.

Pero surgen inevitablemente algunas preguntas. ¿En eso consiste la libertad, en aplicar la ley del mas fuerte? ¿La conquista de la libertad es entonces luchar y competir contra la libertad de los demás? Algo falla en todo esto. Me temo que estamos manejando conceptos erróneos que nos llevan a conclusiones disparatadas.

Dado que estamos hablando de la ley que rige en el mundo salvaje, la del mas fuerte, la de la selección natural darwinista, deberíamos acudir a la biología para tratar de comprender las cosas. Y en la biología no se maneja el concepto de “libertad”, sino el de “autonomía”.

La “autonomía del ser vivo con respecto a su medio ambiente” es el concepto clave en biología evolutiva para definir el nivel evolutivo de cualquier entidad viviente. Por ejemplo, cualquier animal tiene mas autonomía que cualquier planta, ya que ésta permanece enraizada en un lugar fijo y el animal puede desplazarse, y esto es una ventaja para la supervivencia. Y dentro del mundo animal hay especies con una alimentación mas variada, lo que les da ventaja para sobrevivir y una mayor autonomía. En resumen, cuanto mas independientes del medio en el que viven, mayor es su autonomía. Siguiendo esta pauta el hombre es el ser vivo mas autónomo porque ha conseguido el mayor nivel de independencia con respecto al medio ambiente, salvo que lo metan en la cárcel por supuesto. Lo curioso es que entonces diríamos coloquialmente que ha perdido su “libertad”. Entonces ¿cuál es la diferencia entre autonomía y libertad? ¿O es que son lo mismo?

Pues no, no son lo mismo, y si tuviéramos clara la diferencia no podrían manipularnos con sus apelaciones a la “libertad” que en realidad es “autonomía”. Veamos.

Previamente hemos de considerar que el ser humano es el único que tiene la capacidad de reflexionar, es decir, que tiene conciencia, y por tanto puede hacerse planteamientos éticos. Y esto nos conduce al drama intrínseco de la especie humana, que es el choque entre el ansia de mayor autonomía y la conciencia ética, que inevitablemente entrarán a menudo en contradicción. Salvo en el caso de los psicópatas que de conciencia ética ni rastro, y por tanto no cabe contradicción. Y entonces, si la conciencia ética es el elemento único y distintivo de la especie humana, el culmen de la evolución, deberíamos considerar que profundizar en ella es nuestro objetivo prioritario, y en consecuencia deberíamos conseguir que se fuera imponiendo sobre nuestros impulsos biológicos, sobre nuestro deseo de mayor autonomía, de mayor poder, en suma. Y esto nos conduce a considerar que la libertad, la auténtica libertad se consigue dominando nuestra biología, nuestro impulso biológico hacia una mayor autonomía y un mayor poder sobre el medio externo.

Resumiendo, la autonomía es el grado de independencia que tenemos sobre el medio ambiente externo, mientras que la libertad es el grado de independencia que tenemos sobre nuestro medio interno, nuestra biología.

Si cuando se nos mandan mensajes ideológicos sobre la “libertad” supiéramos hacer esta distinción esencial, no podrían engañarnos, porque nos daríamos cuenta de que en realidad los supuestos defensores de la “libertad” son defensores de la “autonomía”, o sea del poder hacer lo que se desee sin normas que lo impidan. Y esto es lo que siempre pretenden los animales irracionales, y por supuesto los corruptos, los psicópatas, los acosadores, etc. Por el contrario la conquista de la auténtica libertad es imponer nuestra ética a nuestra biología, liberarnos en lo posible de nuestra esclavitud biológica. Es por eso que se dice que “no debemos competir con los demás sino con nosotros mismos”. Y también que “nuestro enemigo está en nuestro interior”. Y no olvidemos que si en algún momento nos corrompemos es porque se ha impuesto nuestro enemigo interior, nuestro ser biológico.

Y ahora una pregunta para reflexionar, ¿creéis que en la actualidad estamos avanzando hacia la libertad, hacia la auténtica libertad?

Antonio París

EL PRINCIPIO DE PETER

A finales de los años 60 del pasado siglo un profesor de la Universidad del Sur de California llamado Laurence J. Peter formuló el llamado Principio de Peter, que dice así: “En una organización jerárquica todo empleado tiende a subir hasta alcanzar su nivel de incompetencia”. Se trata de una metáfora irónica del Principio de Arquímedes aplicado a las estructuras jerárquicas, y que explica con notable sencillez su punto débil, que consiste en llenar los puestos clave de la organización con personajes ambiciosos e incompetentes. Hay quien dice que, en general, había que descender al menos un nivel jerárquico a todos los responsables para que fueran realmente competentes.

Debemos recordar que la organización jerárquica es la fórmula de organización social mas primitiva, instintiva, de estrictas raíces biológicas, ya que es la forma en que se organizan las manadas de animales en la selva. Implica niveles de subordinación, lo que supone superioridad de unos con respecto a otros, de forma que se dice que todos los elementos de la estructura están subordinados a otros, salvo uno. Es lo que también se llama estructura piramidal.

Esta estructura tiene ciertas ventajas, por ejemplo su sencillez, la claridad de las responsabilidades, la especialización y las posibilidades de promoción, lo que implica competitividad. Y la competitividad supone ansia de vencer, de subir escalones en la jerarquía, de conseguir mas poder en la organización. Y eso a su vez incluye un alto riesgo de rebasar las normas morales, de corromperse, y por supuesto de alcanzar su “nivel de incompetencia”. Porque el ansia desmedida de trepar en la estructura jerárquica, en la medida en que se consigue, implica la posibilidad creciente de rebasar el nivel máximo para el que uno está capacitado, y esto se descubre cuando ya se ha conseguido. ¿Y que ocurre en este momento? Pues que se comienza a tener sensación de inseguridad, a sentirse amenazado, a estar en situación de vigilancia, y entre la incompetencia y el estado de alarma el funcionamiento de la organización se resiente seriamente.

Pero con ser esto altamente preocupante aun lo es mas una consecuencia inexorable de la situación de incompetencia, y es el rechazo de la competencia. Cualquier persona que llegue a la organización y que demuestre ser competente en el mismo ámbito del cargo “incompetente” será percibido como una amenaza, y será rechazado, perseguido y empujado hacia la salida. Acoso laboral puro y duro.

Está claro que una organización en que se repitan casos como estos será una organización incompetente e ineficiente, y rechazará de una forma u otra a los profesionales competentes, lo que la arrastrará a la larga hacia el desastre, porque la institucionalización de la incompetencia en los puestos clave conduce a que la prioridad no sea la eficiencia sino la supervivencia de los incompetentes. Y este es uno de los grandes problemas que plantea la estructura jerárquica, que debido a la concentración de poder en los niveles superiores provoca que estos tengan gran peso en la elección de gran número de cargos, convirtiéndose en objetivo preferente de personajes con grandes habilidades para la manipulación. Y generalmente estas habilidades no van acompañadas de una adecuada categoría profesional, por lo que ganándose la confianza de los personajes decisorios y manifestándoles su fidelidad llegan a puestos que desbordan sus capacidades. No hay organización que pueda resistir estas disfunciones.

No hay duda de que este tipo de organizaciones, en búsqueda de la máxima eficiencia, han de evolucionar hacia una mayor horizontalidad, pero no vamos a entrar en el debate técnico que no nos corresponde. Lo que entendemos que si nos corresponde es valorar las consecuencias, y estas son desastrosas para cualquier organización. Y el riesgo es mayor cuanto mas jerarquizada y piramidal sea, porque allí donde los mas altos cargos son de designación directa, los criterios de elección tienden a ser subjetivos y fuertemente influidos por los intereses personales o de grupo, quedando los criterios de eficiencia de la organización relegados en la escala de prioridades, cuando no plenamente descartados.

Y ante esto no hay que hacer un gran esfuerzo para imaginar cual es el tipo de organización mas propenso a estas disfunciones: la administración pública. En un plano meramente teórico esto no debería ser así, ya que la existencia del personal funcionario que, como es sabido, accede a su puesto por oposición, debería significar una menor dependencia de los cargos de designación directa. Sin embargo la realidad es muy diferente en nuestro país.

España tiene 445.000 cargos políticos (*), bien electos o de designación directa, lo que supone un exceso desproporcionado en relación a otros países europeos. Concretamente unos 300.000 mas que Alemania, que tiene el doble de población. Y esto supone que este excedente de políticos ha de acomodarse básicamente en los altos niveles de la administración, sin atender a criterios de eficiencia ni de capacidad profesional, desplazando a los verdaderos profesionales, los funcionarios de carrera y aumentando el control de la política sobre la administración. Esto da lugar, tal como comentábamos antes, a la imposición de prioridades propias de intereses personales o de partido, ajenas al interés público, e inevitablemente la aparición de muchos personajes claramente incompetentes para la función que se les asigna, pero con misiones de control de los servicios de la administración al servicio de quien/es les nombra.

No es necesario un gran esfuerzo mental para deducir dos importantes consecuencias de este estado de cosas. En primer lugar la corrupción, inevitable cuando las prioridades de un servicio público son desplazadas por intereses privados, como es el caso. Y en segundo lugar el acoso laboral, que como muchos sabemos por experiencia, consiste en desplazar al competente y honesto, al que quiere cumplir con su responsabilidad pública y que por ello se convierte en un obstáculo para otros intereses.

Y ante este panorama podemos afirmar que en las administraciones públicas se cumple en gran medida el Principio de Peter de forma colectiva, incluyendo una plaga de incompetentes en los altos niveles de la administración, que estarán al servicio de intereses ajenos al interés público y que procurarán desplazar a cualquier profesional competente que pueda suponer un estorbo o una amenaza para su estatus. Y todo esto ocurre mientras se proclaman públicamente nuestros valores democráticos, nuestro estado de derecho, algo puramente virtual, y mientras, bajo cuerda se acepta la auténtica realidad, que estamos en un país extremadamente corrupto, donde los incompetentes ambiciosos dominan los centros de poder público y privado, y donde los profesionales competentes y honestos han de emigrar. El Principio de Peter domina este país y nos ha convertido en lo que somos, un país corrupto y en retroceso social.

Antonio París

(*)http://politicamentncorrecto.blogspot.com.es/p/cuantos-politicos-hay-en-espana.html

LA TRANSICION

En la coyuntura social y económica que estamos viviendo en el mundo actual, impregnada de dramas individuales y colectivos tales como las guerras y la emigración masiva subyacente, el alto nivel de pobreza, la desigualdad creciente, el empleo precario, etc, se está expandiendo cada vez mas la percepción de que en el trasfondo de este caos moral y social está la ideología dominante en este momento histórico, es decir, el neoliberalismo.

¿Y esto que es? se podría preguntar cualquier ciudadano de a pie. Pues intentaremos explicarlo a la manera de otro ciudadano de a pie, de alguien no experto en temas económicos pero si sufridor de sus consecuencias. Y empezaremos por el liberalismo tradicional, nacido a finales del siglo XVIII, y que consiste en defender la libertad del individuo y una intervención mínima del estado en la vida social y económica. Nació como oposición al absolutismo, y propugna el estado de derecho y la igualdad de los ciudadanos ante la ley. Que bien suena, ¿no? Lo que ocurre es que tanta libertad y tan poco control del estado originó a lo largo del tiempo un retroceso hacia el caos, hacia la ley de la selva.

Pero la doctrina que domina el momento actual es el neoliberalismo, que mire usted que paradoja, surgió para corregir las disfunciones del sistema liberal clásico propugnando una mayor intervención del estado para ello. Y asi el sistema fue evolucionando con intervenciones estatales orientadas a la mejora de las condiciones laborales, de las condiciones sanitarias, etc, mientras evitaba intervenir en el ámbito mercantil. La filosofía de base se podría resumir en una frase, o mas bien un eslogan: “tanta libertad como sea posible, tanta intervención como sea imprescindible”. Es atractivo, ¿verdad? Sin embargo, como se diría en tiempos del franquismo, tanta libertad derivó en libertinaje. Porque la llamada “mano invisible del mercado”, que supuestamente provoca la autorregulación del mismo, nos llevó a situaciones irracionales e inmorales, porque no podemos olvidar que el libre mercado se rige por impulsos instintivos hacia la supervivencia, el crecimiento y el poder. No nos cansaremos de repetir que el mercado mas libre que existe es anterior a la aparición del ser humano: es la selva. Ahí no hay leyes ni normas mas o menos éticas que obstaculicen la imposición de la ley biológica fundamental: la ley del mas fuerte y mas adaptado. Es el darwinismo puro y duro.

Pero en contraposición a este planteamiento se ha opuesto históricamente el intervencionismo del estado, Los regímenes dictatoriales de corte comunista son el paradigma de esta opción, y su descrédito el arma frecuentemente utilizada por los detractores del intervencionismo estatal. A partir de este rechazo se critica el intervencionismo del estado como una injerencia en la libertad presuntamente vigente en los estados democráticos. Sin embargo la crisis actual vuelve a poner en evidencia que la famosa “libertad” debe ser intervenida para evitar que retrocedamos hacia la selva. Porque “de facto” la proclamada “libertad” ya ha sido intervenida por los poderes económicos, que han conseguido paulatinamente ganar influencia y poder en los gobiernos y las instituciones planetarias hasta el punto de que el credo neoliberal es su doctrina de fé, y no se admite su discusión.

Y en este punto conviene recordar que entre los “logros” de la ideología neoliberal está su obsesión por el crecimiento. Porque el crecimiento ilimitado es el dogma irrefutable del neoliberalismo, su objetivo permanente. Pero, dicho sea con todos los respetos, el crecimiento permanente es una barbaridad. Porque es una evidencia que el crecimiento incontrolado conduce a la destrucción del planeta, lo que ya sería un argumento suficiente, pero es que además nada en este mundo, incluyendo los seres humanos, puede crecer indefinidamente. Todos los seres vivos crecen hasta que paran de crecer, todo en el planeta crece hasta un límite. Nada está excluido de esta regla, por lo que hay que plantearse irremediablemente una alternativa al crecimiento indefinido. Pero esto, dado su interés, lo analizaremos mas extensamente otro día. Por ahora nos debe bastar constatar que el crecimiento que promueve el pensamiento neoliberal es eminentemente materialista. Es un crecimiento de mercancías, de capitales, e ignora totalmente la dimensión ética de cualquier actividad humana. Y esto, digan lo que digan los creyentes en el dogma neoliberal, a la larga conduce a la catástrofe.

Y es que nosotros, los idealistas ingenuos, creemos que la economía y la política deben estar al servicio de las personas, y no al contrario como promueve el pensamiento dominante. Y el término “crecimiento” debería ser substituido por el término “desarrollo”, donde deberíamos considerar incluidos los derechos fundamentales como objetivo irrenunciable. Y el desarrollo no precisa del crecimiento material sino del avance ético, algo que es consustancial a la condición humana y cuya renuncia nos reduce a simples animales. Porque, no lo olvidemos, en el fondo de este pensamiento antihumano late un error de concepto, que es la confusión entre libertad y autonomía, algo que ya resaltamos en otra ocasión (*).

En definitiva, el caos moral y social a donde nos está llevando el dominio mundial de esta nefasta ideología, nos deja la sensación de que estamos viviendo una etapa de transición hacia otro nivel de organización de la sociedad humana, y esto siempre se produce con grandes convulsiones y mucho dolor. Esperemos que seamos capaces de reconducirnos hacia una sociedad mas ética y menos materialista. Que así sea.

Antonio París

(*) Autonomía y libertad. Revista Acosados noviembre de 2015

INTERESES VERSUS VALORES

En el ambiente de ebullición social que estamos viviendo en nuestro país, a nosotros, ciudadanos interesados en el fenómeno del acoso laboral, no dejan de sorprendernos algunos matices de la situación que no nos resistimos a comentar.

En la tradicional división social entre derechas e izquierdas, o si lo prefieren entre conservadores y progresistas, se suelen manejar algunos tópicos que pretenden ser calificativos identificadores de cada grupo. Por ejemplo, los conservadores se supone que son tradicionalistas, resistentes a los cambios, partidarios de valores familiares y religiosos, inclinados al nacionalismo y patriotismo y, en su versión ultraliberal mas reciente, defensores del sistema económico capitalista, donde los intereses de todo tipo compiten por su supremacía.

Por otra parte los progresistas son mucho mas difíciles de definir, y suelen incluir concepciones ambiguas y diferentes según las zonas geográficas y las culturas, pero como rasgo general se acostumbra a considerarlos como partidarios del cambio social, político y económico, en contraposición al conservadurismo partidario de mantener el orden existente. Son en principio defensores de que ciertos valores sociales se impongan a los intereses de los agentes económicos, y que tiendan a impulsar un cambio a situaciones de mayor igualdad social y económica.

Si tuviéramos que hacer un esfuerzo de simplificación en una sola frase diríamos que la confrontación entre conservadores y progresistas equivale al choque entre intereses y valores. Esta simplificación requeriría de muchos matices y aclaraciones, pues en ambas partes hay intereses y valores, pero a los efectos de la reflexión que nos ocupa nos basta porque nos sirve para expresar que unos conceden una mayor libertad de maniobra a los intereses y otros prefieren restringirla en función de ciertos valores.

¿Y a donde nos conduce todo esto? Pues a hacernos preguntas para tratar de comprender aspectos de nuestra actualidad social y política que parecen chocar con este esquema. Los que estamos en la lucha contra el acoso laboral sabemos que el acoso y su germen, la corrupción, no conocen de colores políticos ni de ideologías. En todo tipo de instituciones gobernadas tanto por conservadores como por progresistas tenemos casos de acoso y corruptelas investigadas por la justicia. ¿Cómo es esto posible si los progresistas presuntamente defienden valores sociales?

A primera vista, la mentalidad conservadora, mas tendente a impulsar los intereses, debería ser de mayor riesgo de cara a la corrupción. Sin embargo no se aprecian diferencias notables en las instituciones afectadas, sobre todo ayuntamientos. ¿Cómo se explica esto? Quizá estemos aplicando mal el campo de visión de nuestro análisis.

Tal vez deberíamos considerar reducir el análisis, en principio, al ámbito personal. Tal vez deberíamos tener en cuenta que todo ser humano incluye en sí mismo un conservador, porque todos tenemos intereses, y algunos, no todos, y permítanme que me incluya, tenemos valores. Y la consideración de si una persona concreta es conservador o progresista consiste en establecer si en su conducta prevalecen los intereses o los valores. Y no debe interpretarse que mi opinión es que los conservadores carecen de valores, sino que en mayor o menor medida sus intereses prevalecen sobre ellos. Y precisamente por eso defienden ideologías sociales y políticas que consciente o inconscientemente, declarada o solapadamente, establecen la supremacía de ciertos intereses sobre los valores de utilidad social generalmente proclamados, incluso en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

¿Y que es lo que ocurre cuando alguien que se manifiesta como progresista se corrompe? Pues que, como cualquier otro, sus intereses se han impuesto sobre sus valores en una situación determinada, en la cual ha tenido la oportunidad de corromperse. Y esto nos lleva a la conclusión que considero esencial para comprender el origen del fenómeno de la corrupción, y en consecuencia del acoso laboral. Y es que la batalla contra la corrupción se libra, de inicio, en nuestro interior.

Si cada uno de nosotros no se esfuerza conscientemente en que los valores que dice defender se impongan a sus intereses en una medida razonable, cuando nos veamos en una situación propicia nos corromperemos, o nos convertiremos en testigos mudos del acoso, o en colaboradores del mismo, o en los propios acosadores.

Esta es una batalla permanente que cada uno debe sostener consigo mismo y en la que sabemos que nunca conseguiremos vencer al 100%, ni tampoco debemos aspirar a ello porque hay un mínimo de intereses personales que debemos conservar (nunca mejor expresado), y que son aquellos que nos permiten llevar una vida digna. Pero a partir de ahí los intereses se convierten en un riesgo de ponernos en situación de corrompernos, de alcanzar situaciones de prevalencia social y económica sobre otros a las que difícilmente se puede renunciar después, y que nos llevarán a defenderlas por encima de cualquier sistema de valores.

Asi que, como conclusión, para luchar contra la corrupción, y en consecuencia sobre el acoso entre otras muchas corruptelas, no solo hay que establecer las medidas organizativas y de control necesarias para ello, y hoy, como sabemos, manifiestamente insuficientes, sino también y sobre todo, cada uno debe librar su propia batalla contra el enemigo interior, y conseguir que sus valores prevalezcan sobre sus intereses en su vida personal y social. De lo contrario las demás medidas serán siempre insuficientes.

Tomemos nota y empecemos desde ya a luchar contra la corrupción desde sus raíces, porque de lo contrario el futuro de nuestros hijos y nietos será incierto. Y no olvidemos que esta lucha personal contra la corrupción será la base para desmontar el inhumano sistema neoliberal que es su imprescindible caldo de cultivo.

Antonio París