PRESENTACIÓN

En este blog modestamente quiero transmitiros mis inquietudes respecto a temas que considero fundamentales en la vida humana, en especial el que considero mas importante, el de si esta vida tiene algún sentido desde un punto de vista exclusivamente racional, prescindiendo de cualquier tipo de creencias.

Con la perspectiva que me da mi edad octogenaria y mi prolongada experiencia en una asociación de lucha contra el acoso laboral espero poder ayudar a aquellas personas que se sientan capaces de enfrentarse a los misterios profundos de la vida humana con afán de liberarnos de las creencias impuestas como artículos de fe. Y no me refiero solo a las creencias religiosas, sino también a las que hemos absorbido de nuestro entorno social y que ya forman parte de nuestra zona de confort. Todas estas creencias nos impiden evolucionar, unas mas que otras, hacia la dirección que nos marca la evolución del universo, y esto exige por nuestra parte un gran esfuerzo personal y colectivo que consiga que la sociedad humana entre en la edad adulta.

En este blog expongo algunos artículos que he ido publicando digitalmente en los últimos años, y los he dividido en dos páginas. “Temas sobre acoso” y “Temas sobre la vida”. Espero seguir escribiendo sobre todo esto hasta que la vida me lo prohíba.

Gracias por vuestra atención

EL DERECHO DE INFORMACIÓN

La publicación de la sentencia del caso Noos ha vuelto a traer a la actualidad la aplicación de la Ley de Protección de Datos y su desarrollo reglamentario en el caso de las sentencias judiciales (1). Es conocido que en este país el Consejo General del Poder Judicial publica las sentencias “anonimizándolas”, es decir, cambiando los nombres de las personas enjuiciadas por otros ficticios, con la supuesta finalidad de protegerlas de la estigmatización pública. Este criterio no se sigue en la justicia europea ni en el Tribunal Constitucional español.

No es difícil comprender que en este asunto late un conflicto entre el derecho público a la información y el de los ciudadanos enjuiciados a no ser estigmatizados de por vida, pero el criterio de establecer este último derecho como un valor absoluto nos parece excesivo, y en el ambiente actual de corrupción generalizada desprende un tufo sospechoso de protección a los delincuentes de cuello blanco.

La estigmatización que supuestamente se pretende evitar implica el sacrificio del derecho de todos los ciudadanos a conocer a los presuntos delincuentes y sus delitos, porque no podemos ignorar que suelen ser reincidentes. El que se de prioridad absoluta a un derecho sobre otro solo puede comprenderse en un estado totalitario. En un país socialmente avanzado debería hacerse una reflexión sobre como establecer un equilibrio razonable entre ambos derechos, y en mi modesta opinión la prioridad debería ser para el derecho de información, por tratarse de un derecho fundamental en un estado democrático de derecho, y a partir de ahí establecer ciertas limitaciones en casos muy concretos. Y en estos casos concretos nunca deberían estar incluidas las violaciones de los derechos fundamentales de las personas ni los delitos contra las instituciones y bienes públicos. Y si de lo que se trata con la “anonimización” es de cubrir los posibles errores en las sentencias, pues debería exigirse que las rectificaciones de las mismas que hagan las instancias superiores tengan la misma publicidad que las sentencias de primera instancia.

En realidad el hacer un uso razonable de la publicidad en estos casos no parece tan difícil, solo hay que querer hacerlo priorizando los derechos e intereses generales sobre los particulares. Pero tal vez sea este el problema en este país, que algunos intereses particulares pasan por encima de los intereses generales, aunque no creo que esto sea una sorpresa para nadie en la coyuntura actual.

Antonio París

(1) http://blogs.publico.es/dominiopublico/19385/su-alteza-real-la-eva/

EL ACOSO COMO HERRAMIENTA NEOLIBERAL

Es conocido que desde el ámbito de los creyentes neoliberales – y digo “creyentes” porque el neoliberalismo se plantea como un dogma de fé – se afirma con contundencia que la solución a los problemas económicos y sociales del mundo actual está en la globalización económica, la desregulación comercial y financiera y las privatizaciones masivas. Se dice que este camino conduce al aumento de la riqueza, del empleo y del bienestar. Pero los hechos no parecen confirmar estas expectativas, porque una mayoría social importante ve estancadas o disminuidas sus expectativas económicas y sociales. Donde se habla de rentabilidad, competitividad, de ganancias fáciles y rápidas no parecen tener espacio los valores, las normas éticas y de ahí la obsesión por la desregulación, porque es en las leyes y normas que regulan estas actividades donde se manifiesta la ética, una expresión exclusiva de la condición humana.

Y es que la liberalización del mercado no es un invento humano. El mercado mas libre que existe es anterior a la aparición del hombre sobre la tierra, es LA SELVA. Allí se impone la ley del mas fuerte y el mas adaptado, y los débiles son sacrificados. Desde Darwin sabemos que el principio rector del mundo biológico es “la selección natural”, ya que se trata de mejorar las especies seleccionando a los mas capaces de sobrevivir y reproducirse, pero la aparición del hombre ha supuesto la entrada de un elemento nuevo en el esquema: el pensamiento, la reflexión, y con ello su máxima expresión, la ética. Y la ética es incompatible con la selva y no tiene sitio en el planteamiento neoliberal, ya que éste rechaza cualquier tipo de normas que limiten su autonomía. Este es el drama fundamental de la condición humana, somos animales como los demás y sujetos a las leyes biológicas que nos empujan a competir, pero también somos humanos y la ética nos empuja a superar, que no anular, los impulsos biológicos. Es una tensión interna permanente que, en la medida en que conseguimos que la ética se imponga, provoca la mejora de la integración social.

De la reflexión ética surgen los valores, como normas u orientaciones que deben regir nuestra conducta mas allá de los intereses, y a partir de esta superación de los intereses egoístas mediante los valores es como avanza el invento humano que llamamos civilización. Pero esto se omite o se ignora desde el ámbito neoliberal, y su único objetivo parece ser el conseguir el máximo beneficio sin importar los métodos, y convertir a las personas en simples consumidores, herramientas de trabajo y siervos obedientes y adoctrinados en la creencia de que no existe otro camino.

Por eso, y atendiendo a su consideración de las personas como simples herramientas de trabajo, no es de extrañar que muchos de los fervorosos creyentes del dogma neoliberal recurran a cualquier tipo de métodos para conseguir lo que deseen de sus herramientas humanas, mas allá de cualquier legislación, que las normas no son para ellos. Y entre los mas dramáticos y destructivos métodos está el acoso, una fórmula ilegal e inhumana de conseguir algo de la víctima a lo que no se tiene derecho, bien sea que desaparezca, que ceda a pretensiones sexuales, o que acepte un estatus de inferioridad y de humillación por razón de raza, de condición sexual, o de cualquier otra diferencia como pretexto discriminatorio. Y esto encaja perfectamente en la lógica neoliberal dado que su pulsión instintiva a conseguir lo que desean les lleva a menudo a sobrepasar las normas, incluso corriendo ciertos riesgos, aunque muy disminuidos por la corrupción existente.

El acoso es, en suma, una poderosa herramienta neoliberal que busca conseguir sus objetivos mas allá de las normas que lo dificultan, y que en el actual clima de inseguridad y precariedad laboral encuentra el caldo de cultivo idóneo para ignorarlas. Todos somos conscientes que las penosas circunstancias del mercado laboral llevan a muchos trabajadores a soportar lo indecible para no perder su, a menudo, mísero empleo. Y en el ámbito de la administración es la corrupción existente su ambiente propicio. En resumen, su ideal en el ámbito laboral, como en cualquier otro ámbito social, es la selva, y por eso desean que nos acerquemos a ella, y para conseguirlo utilizan su arma esencial: el poder.

La máxima manifestación de poder en el mundo actual es el poder financiero, que se multiplica de forma especulativa beneficiando a las élites dominantes, mientras una parte importante de sus ciudadanos sigue viviendo en la pobreza. La realidad social en las llamadas “sociedades avanzadas” es que son cada vez mas desiguales, mas injustas y mas violentas, y dentro de la violencia general incluimos, como no, el acoso, tanto en el ámbito laboral como en el familiar, el escolar o cualquier otro. Paradójicamente los estados modernos invierten considerables sumas de dinero en combatir la violencia, la violencia física y manifiesta por supuesto, pero lamentablemente poco o nada en combatir la violencia psicológica, y no digamos la violencia institucional íntimamente ligada a la corrupción. Porque la violencia en general y la institucional muy especialmente son herramientas muy útiles para el fundamentalismo neoliberal, con la que impone sus criterios en una sociedad supuestamente mas rica y próspera, pero en realidad mas desigual, y en consecuencia mas violenta, porque los perdedores del sistema no se resignan y los beneficiados nunca se sacian.

No existe futuro para la especie humana si su pauta de conducta es el dogma neoliberal, ni por supuesto se puede erradicar el acoso si su causa profunda se impone. Porque el que el fundamentalismo neoliberal domine el mundo significa que hay una grave crisis de valores, y esto históricamente ha sido el preludio de la desaparición de las civilizaciones.

Antonio París

LA CORRUPCIÓN SISTÉMICA

En la explosión de casos de corrupción que estamos viviendo, en la que no sabemos que sorpresas nos va a deparar cada día, es inevitable que nos hagamos en algún momento la pregunta del millón: ¿pero como es posible que no nos hayamos dado cuenta de lo que estaba pasando? Pues parece que la respuesta es sencilla: porque vivíamos en Babia, porque mientras podíamos vivir sin mayores agobios, podíamos encontrar trabajo, podíamos tomar unas cañas, podíamos ir al fútbol o al cine, etc. no prestábamos atención a las señales de aviso, que las había. Y en esto de las señales de aviso los que sabíamos un rato éramos los que estábamos en la lucha contra el acoso laboral.

Cuando nuestra asociación (Agacamt) comenzaba su ya larga trayectoria, el hablarle a cualquiera de mobbing o acoso laboral era como hablarle en chino mandarín, y los gestos de sorpresa o desconcierto daban paso de inmediato a actitudes de sospecha sobre nuestra salud mental. Hubiera sido inútil tratar de explicarles que aquello, además de ser un atentado a nuestros derechos mas básicos, era una señal de aviso de que algo estaba podrido en aquel entorno. La afirmación que hoy hacemos de forma habitual, de que el acoso es un detector infalible de corrupción, es ahora generalmente aceptada sin mayores problemas. Y no nos engañemos, como ésta señal había otras, pero no las percibíamos o las considerábamos cosas menores, tal vez porque nosotros podíamos vivir sin demasiadas preocupaciones. Pero claro, en esto llegó la bicha, la crisis, y todo empezó a cambiar. Hoy la corrupción, que se viene gestando en este país a partir de la transición política sin que nos diésemos por aludidos, nos estalla en nuestras narices.

Pero con ser la corrupción un problema gravísimo en nuestro país, se presenta además como una grave amenaza para la estabilidad internacional, tal como manifiesta el profesor Rodríguez-Arana (1) a partir de un informe del Fondo Carnegie para los estudios sobre la Paz internacional.

“En este estudio se pone de manifiesto que en 2014 gobiernos y empresas transnacionales han subestimado la corrupción en sus políticas e inversiones produciéndose una situación de corrupción sistémica de difícil solución. En opinión de este centro de estudios, la corrupción sistémica debe entenderse, no como un fracaso de las instituciones públicas de gobierno, sino más bien, y sobre todo, como un sistema funcional del que los gobernantes echan mano nada menos que para secuestrar los flujos ordinarios de la actividad económica y convertirlos en una auténtica cleptocracia.”

Esto nos suena, ¿verdad? Pero mas allá de la corrupción sistémica de un país -- que recordamos que significa que es el mismo sistema el que está corrompido, no solo algunas personas – nosotros pensamos que existe una corrupción sistémica global, que es la causa de la mayoría de los dramas humanos del planeta, de las tremendas desigualdades, de la explotación inmisericorde del tercer mundo, de la inmigración masiva, de la explotación infantil, etc. No es difícil comprender que el sistema económico global, que incluye la explotación de las mayorías desfavorecidas de todo el mundo, es un sistema intrínsecamente corrupto, porque no existe ningún control global sobre las actividades de los grandes grupos económicos, y la débil legalidad de los países del tercer mundo es incapaz de frenarlos, cuando no son las élites en el poder de tales países las que colaboran con ellos.

El hecho de que el sistema económico planetario no tenga una autoridad democrática que lo controle significa que en el mercado global rige la ley de la selva, que las élites económicas, que persiguen exclusivamente el máximo beneficio, actúan como insaciables depredadores, si alguien no los frena. Y para rematar el tenebroso panorama tenemos en el Tratado Trasatlántico para el Comercio y la Inversión (TTIP) (2) una muestra de lo que los depredadores económicos pretenden conseguir y están consiguiendo, es decir, convertir el mercado mundial en una selva a su medida. No es necesario ser muy espabilado para deducir que la Declaración Universal de Derechos Humanos de Naciones Unidas no pasa de ser un adorno vacío de contenido, si seguimos por este camino. ¿No es este un sistema corrupto e inmoral? ¿No es esta la forma de conseguir que los intereses (de algunos) pasen por encima de cualquier tipo de valores?

Cualquier sistema político y económico que no imponga los derechos humanos como la primera prioridad es radicalmente inmoral, y lleva en si mismo las raíces de todo tipo de corrupción. El que las élites económicas y políticas, en interesada connivencia, promuevan la desregulación de los derechos de las personas, el aumento incontrolado de sus beneficios y el dominio de todos los recursos de poder, nos lleva a un aumento desaforado de la desigualdad y al sacrificio inhumano de amplísimos sectores de la población mas desfavorecida. La ideología neoliberal que domina el mundo es intrínsecamente inmoral y la causa profunda de que todas las corrupciones avancen sin freno en nuestro planeta. ¿Significa esto que defiendo que habría que suprimir el libre mercado? Por supuesto que no. No se trata de suprimir, sino de regular. Y no regularlo de cualquier manera, sino priorizando los derechos humanos.

Doy por hecho que esto sonará a utópico, y en nuestro mundo actual lo es, pero no debemos renunciar a esta utopía porque cualquier otro camino conduce a la catástrofe. Estamos destruyendo el planeta, provocando enormes desigualdades sociales, impulsando grandes corrientes migratorias en condiciones infrahumanas, ocasionando guerras en función de grandes intereses, etc. No hay opción alternativa, o tratamos de avanzar todos juntos hacia una humanidad mas integrada y solidaria o retrocederemos hasta la destrucción.

Pero reduciendo el campo de visión y volviendo a nuestro país, donde el panorama de corrupción sistémica es desolador, quisiera destacar el “Informe sobre el Estado Social de la Nación 2015”, elaborado por la Asociación Estatal de Directores y Gerentes en Servicios Sociales (3). No vamos a entrar en mayores detalles del informe que el lector puede consultar por si mismo, pero si queremos destacar una idea que nos parece relevante. Reproducimos:

“En este informe los protagonistas son las personas, las familias y la sociedad. No son meros actores secundarios de un discurso en el que la economía es el elemento central, en relación con el cual las situaciones y problemas que les afectan son sólo daños colaterales de los desajustes económicos o de las necesidades de recuperación y de crecimiento del PIB a golpe de austeridad.

Pero ¿y si la situación en la que nos encontramos no se debe a que seguimos estando en crisis -como se da por hecho- sino que estemos ya ante un nuevo modelo de sociedad? Si esto es así, es una falacia pensar que con el mero incremento del PIB llegará la recuperación y todo volverá a ser como antes.”

He aquí una conclusión clara y contundente. No es que la crisis haya provocado el aumento de las desigualdades, el aumento de la exclusión social, la desregulación del mercado laboral o el desmontaje de los servicios sociales. Es que se ha aprovechado la crisis para instalar un nuevo modelo de sociedad. Y este modelo de sociedad parece encajar perfectamente con la corrupción sistémica. ¿O es que son inseparables? Pero veamos como define el informe el nuevo modelo de sociedad.

“Un modelo de sociedad que no es consecuencia inevitable del devenir de la economía, sino que tiene sus causas en decisiones políticas que conforman un escenario de precariedad y desigualdades extremas, y de ausencia de movilidad social: un modelo productivo y de relaciones laborales que apuesta por la precariedad y los bajos salarios, una fiscalidad débil y regresiva y el desmontaje de las políticas sociales.”

Bien, pues aquí tenemos una de las bases de la corrupción en nuestro país. El modelo neoliberal impulsa el desmontaje de lo público y su transformación en negocios privados. El negocio y el beneficio privado por encima de todo. Vamos, máximo riesgo de corrupción.

No voy a insistir mas en el tema. Este mundo es insostenible si continuamos poniendo el negocio y el beneficio por encima de los derechos de las personas. La Declaración Universal de los Derechos Humanos tiene que ser la máxima prioridad, el principio organizador de todo el sistema social, de lo contrario la corrupción sistémica será una plaga mundial y nos conducirá inexorablemente a nuestra desaparición.

Antonio París

(1) http://www.diariodeferrol.com/opinion/jaime-rodriguez-arana/corrupcion-2014/20150405011322119741.html

(2) http://www.eldiario.es/agendapublica/proyecto-europeo/preguntas-Tratado-Transatlantico-TTiP-respuesta_0_315669128.html

(3) http://cdn27.hiberus.com/uploads/documentos/2015/04/16/documentos_informeestadosocial20153_b2bb4d0d.pdf

PARANOIA Y ACOSO

En todo el tiempo que llevo colaborando en esta asociación, que ya es mucho, se nos han presentado bastantes casos en que las circunstancias del mismo y las características personales de la presunta víctima nos hacían dudar sobre si se trataba de un caso real de acoso o de un delirio paranoico. ¿Cómo resolver este dilema?

Según la Biblioteca Nacional de Medicina de los EEUU (*) el trastorno de personalidad paranoica “es una afección mental en la cual una persona tiene un patrón de desconfianza y recelos de los demás de forma prolongada, pero no es un trastorno psicótico completo como la esquizofrenia”. Y añade, “son personas altamente recelosas de los demás, y como resultado limitan su vida social de manera drástica. Con frecuencia sienten que están en peligro y buscan pruebas para apoyar sus sospechas”. Debemos aclarar que este trastorno es distinto de la esquizofrenia paranoide, ya que en esta enfermedad los delirios son evidentes y marcadamente irreales. ¿Cómo podemos distinguir si el peligro es real o solo existe en su imaginación?

En primer lugar hemos de convenir que toda persona que vive una situación de acoso prolongada en el tiempo, tiende a desarrollar una marcada desconfianza que tal vez podría llegar a ser exagerada en alguna medida, tendiendo a magnificar las capacidades persecutorias de sus acosadores. Sin embargo esta tendencia desaparece gradualmente cuando la situación de acoso remite, lo que no ocurre en el caso del trastorno paranoico, aun cuando hubiese una situación real de mobbing, que todo es posible. Por ello es necesario esforzarse en distinguir los rasgos que nos permitan detectar cuando el presunto acoso es irreal, y se trata de un problema de salud mental.

Podemos apuntar algunos síntomas:

• Dificultad para concretar situaciones de acoso. Es frecuente que cuando se le pregunta a la presunta víctima que explique y concrete las situaciones que ha vivido, tenga grandes dificultades para concretarlas, argumentando que en realidad se trata de actuaciones muy sutiles, lo que podría suponer que estamos ante interpretaciones enfermizas de hechos probablemente inocuos. Suelen pensar que las personas “les miran mal”, los eluden, les hacen insinuaciones, etc.

• Hacer acusaciones sobre hechos absurdos o difíciles de creer. En cierta ocasión una persona acudió a nuestra asociación argumentando que padecía “acoso grupal” y que con frecuencia personas por la calle le insultaban y lo amenazaban, sin duda, en su opinión, inducidos por sus jefes. Esta persona hubo de ser internada en un psiquiátrico.

• Hacer interpretaciones exageradas sobre hechos aparentemente inocuos. Otra persona que aseguraba que era perseguida y vigilada en todas partes nos aportó unas grabaciones donde había filmado a personas en actitudes totalmente normales, como parado esperando a alguien o cruzando una calle, y que él interpretaba como muy sospechosas. Se intentó convencerle de que con esas “pruebas” no conseguiría nada y tal vez lo acusasen de “chalado”, por lo que de seguir adelante le recomendábamos que aportase un informe psiquiátrico que demostrase que estaba sano. No volvimos a saber nada de él.

• No admitir ninguna interpretación de los hechos que no sea la suya. Esto indicaría una rigidez y un bloqueo mental altamente sospechoso, aunque hay que aclarar que en este caso podría tratarse de una persona que desarrolla rasgos paranoicos como consecuencia de un acoso prolongado, por lo que se ha de ser prudente y esperar a tener nuevos indicios.

• Delirios evidentes. Esto no necesita mayor aclaración.

En cuanto a la forma de actuar ante casos sospechosos de paranoia, ya hemos apuntado algo, pero en términos generales podemos recomendar lo siguiente:

1. Si la manifestación paranoica resulta evidente lo único que se puede hacer es que no tiene pruebas suficientes y que necesita un informe psiquiátrico, cosa que como es evidente, es verdad.

2. Si alguno de los presuntas actos de acoso que resulte difícil de creer se puede comprobar, debe hacerse, para ver si el acoso es real.

3. Si la manifestación paranoica ofrece dudas debemos observar si se trata de una persona de perfil tímido e introvertido o mas bien extrovertido y activo.

4. Si es tímido debería bastar con pedirle un relato escrito que resuma su problema, y tendrá grandes dificultades para hacerlo porque todo está en su cabeza, no en los hechos.

5. Si es extrovertido y activo será mas difícil de detectar y sobre todo de controlar, por lo que aparte del relato escrito hay que orientarle hacia el informe psiquiátrico. Si esto fallase debemos esperar hasta que haga algo que lo delate, y entonces enfrentarlo con la realidad sin ambages. Lo aceptará, improbable, o desaparecerá, lo mas seguro. En todo caso son personas que causan problemas en su entorno social, y su inflexibilidad y rigidez hace que sean un riesgo para otras personas acosadas, por lo que eso es lo mejor.

En todo caso deberemos tener paciencia para asegurarnos, porque podría tratarse de una persona muy afectada por su problema de acoso y no deberíamos dejarla desamparada, y la frontera entre la paranoia endógena y la reactiva al acoso es con frecuencia confusa y difícil de precisar.

El problema de los rasgos paranoides en una persona que realmente está sufriendo un proceso de acoso laboral es que contribuye a agravar las consecuencias del mismo y a dificultar su defensa. No es infrecuente que se utilice por sus adversarios para afirmar que el acoso solo existe en su imaginación, y si se trata de personas con influencia política o económica hay un riesgo evidente de que los jueces se dejen llevar por este camino, porque estamos en el país que estamos y en el momento histórico que estamos. En todo caso hemos de ser conscientes de la enorme dificultad añadida que suponen los reflejos paranoicos en un caso de acoso, y por ello nos exige un mayor esfuerzo de apoyo a la víctima.

Antonio Paris

(*)https://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/000938.htm

ACOSO Y PODER

Las personas que llevamos ya largo tiempo luchando contra el acoso laboral y observando las conductas de los acosadores, antes o después nos enfrentamos con las preguntas inevitables. ¿Cómo son posibles tales conductas? ¿Qué clase de personalidad se ajusta a ellas? ¿Son personas con una vida social aparentemente normal? ¿Cómo podríamos detectarlos?

Pero ampliando el campo de visión a otras áreas de la sociedad nos encontramos con la violencia de género, el acoso escolar, las novatadas, etc, como fenómenos donde podríamos plantearnos similares preguntas. ¿Es que son hechos comparables en algún sentido? Nosotros pensamos que tienen un factor común, algo esencial que los une, y es la atracción del poder.

Cuando una persona (o personas) ejerce cualquier tipo de presión sobre otra es porque puede, porque tiene poder sobre ella, porque tiene algún tipo de ventaja o superioridad, y además quiere hacerlo, porque le gusta, le da satisfacción o espera obtener algún beneficio. O por todo a la vez. Es lo que se suele llamar la erótica del poder. Pero obtener satisfacción de la superioridad sobre otras personas, o de humillarlas, o de escalar en la jerarquía social pisoteándolas significa que nos encontramos con un perfil psicológico específico, alguien que parece necesitar ponerse por encima de otros y disfrutarlo.

Pero como nosotros no somos psicólogos y el aspecto que realmente nos interesa es el de las relaciones interpersonales, repetiremos el esquema que utilizamos en el artículo “Corrupción, psicopatía y acoso” (Revista Acosados, agosto 2015)

               Cooperación                                Competición

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Empatía                                                                                  Psicopatía

 

En este esquema tratamos de expresar con que prioridades se relacionan entre si las personas, y excuso decir que las personas fuertemente competitivas son las que se sienten mas motivadas por el poder, mientras que las personas mas empáticas se inclinan a la cooperación y la solidaridad, a la igualdad en suma. Pero hay un aspecto que en el artículo anterior no resaltamos y que conviene tener en cuenta. Porque no debemos olvidar que la vida es dinamismo y cambio constante, y por eso debemos contemplar la dimensión evolutiva para entender mejor este fenómeno. Porque el diagrama anterior equivale a una fotografía en un momento concreto, pero el ser humano, como todo ser vivo, tiene una evolución en el tiempo, y a lo largo de su desarrollo personal su posición en el diagrama anterior puede variar.

Cuando cualquier otro animal, el humano, cuando nace, es un ser plenamente egocéntrico. En el caso de los mamíferos el neonato viene del vientre de la madre, en una situación en que el mundo se reduce a sí mismo. Pero al nacer sale al mundo exterior, un mundo desconocido con el que empieza a interactuar, y en este proceso va interiorizando que existen límites a sus deseos, que las frustraciones forman parte de su vida y que los demás existen. En un desarrollo normal cualquier persona evolucionará a lo largo de su vida abriéndose al mundo exterior hasta integrarse suficientemente en su entorno social y su cultura. Esto equivale a decir que va dejando su egocentrismo para participar de la sociedad en la que vive, abriéndose a ella e incluyendo a los demás en su mundo personal. Pero no siempre es así porque hay quien tiene dificultades para abandonar su egocentrismo natal. Este es, por ejemplo, el caso de los psicópatas, la muestra extrema del egocentrismo. Y sin llegar a este extremo, muchas personas tienen un alto nivel de egocentrismo que les lleva a volcarse en competir para obtener lo que mas desean, el mayor poder posible.

Pero entonces cabría preguntarse, ¿cómo es posible que tales personas no sufran un fuerte rechazo social? ¿Es que no se detecta su condición? Pues no, efectivamente. Sin duda han sufrido ese rechazo en las primeras etapas de su vida, y eso les lleva a aprender a disimular, a camuflar su condición con avanzadas habilidades sociales de manipulación. Su aparente integración social no es mas que un camuflaje desarrollado a lo largo de su vida, que les permite ocultar su condición y conseguir sus objetivos.

Porque no debemos olvidar que la evolución natural del ser humano es ir avanzando en su integración social, pero de verdad, haciendo efectivo que los demás entren a formar parte esencial de nuestras vidas, lo que implica avanzar en la empatía, en la identificación con los demás, en salir de nuestro ego. Pero en este camino muchos se van quedando, se atascan, y gastan su energía en esfuerzos de competición, en perseguir mas poder, en ampliar sus posesiones materiales y con ello desconectarse de la realidad de los otros. Y en este camino la empatía no cabe.

Parece claro que la evolución natural nos empuja desde el egocentrismo natal hasta la empatía, pero esto implica un esfuerzo personal que a algunos se les hace imposible, y la consecuencia es una sociedad mas competitiva y menos solidaria y empática. A estas alturas solo desde el fanatismo y el egocentrismo insolidario se puede mantener que las sociedades humanas pueden avanzar en base a competir entre ellas. El modelo para avanzar es el opuesto, el de la solidaridad y la empatía.

Pero expliquémosle esto a los dueños de Wall Street. Tal vez se lo crean.

Antonio París

EL PRINCIPIO DE PETER

A finales de los años 60 del pasado siglo un profesor de la Universidad del Sur de California llamado Laurence J. Peter formuló el llamado Principio de Peter, que dice así: “En una organización jerárquica todo empleado tiende a subir hasta alcanzar su nivel de incompetencia”. Se trata de una metáfora irónica del Principio de Arquímedes aplicado a las estructuras jerárquicas, y que explica con notable sencillez su punto débil, que consiste en llenar los puestos clave de la organización con personajes ambiciosos e incompetentes. Hay quien dice que, en general, había que descender al menos un nivel jerárquico a todos los responsables para que fueran realmente competentes.

Debemos recordar que la organización jerárquica es la fórmula de organización social mas primitiva, instintiva, de estrictas raíces biológicas, ya que es la forma en que se organizan las manadas de animales en la selva. Implica niveles de subordinación, lo que supone superioridad de unos con respecto a otros, de forma que se dice que todos los elementos de la estructura están subordinados a otros, salvo uno. Es lo que también se llama estructura piramidal.

Esta estructura tiene ciertas ventajas, por ejemplo su sencillez, la claridad de las responsabilidades, la especialización y las posibilidades de promoción, lo que implica competitividad. Y la competitividad supone ansia de vencer, de subir escalones en la jerarquía, de conseguir mas poder en la organización. Y eso a su vez incluye un alto riesgo de rebasar las normas morales, de corromperse, y por supuesto de alcanzar su “nivel de incompetencia”. Porque el ansia desmedida de trepar en la estructura jerárquica, en la medida en que se consigue, implica la posibilidad creciente de rebasar el nivel máximo para el que uno está capacitado, y esto se descubre cuando ya se ha conseguido. ¿Y que ocurre en este momento? Pues que se comienza a tener sensación de inseguridad, a sentirse amenazado, a estar en situación de vigilancia, y entre la incompetencia y el estado de alarma el funcionamiento de la organización se resiente seriamente.

Pero con ser esto altamente preocupante aun lo es mas una consecuencia inexorable de la situación de incompetencia, y es el rechazo de la competencia. Cualquier persona que llegue a la organización y que demuestre ser competente en el mismo ámbito del cargo “incompetente” será percibido como una amenaza, y será rechazado, perseguido y empujado hacia la salida. Acoso laboral puro y duro.

Está claro que una organización en que se repitan casos como estos será una organización incompetente e ineficiente, y rechazará de una forma u otra a los profesionales competentes, lo que la arrastrará a la larga hacia el desastre, porque la institucionalización de la incompetencia en los puestos clave conduce a que la prioridad no sea la eficiencia sino la supervivencia de los incompetentes. Y este es uno de los grandes problemas que plantea la estructura jerárquica, que debido a la concentración de poder en los niveles superiores provoca que estos tengan gran peso en la elección de gran número de cargos, convirtiéndose en objetivo preferente de personajes con grandes habilidades para la manipulación. Y generalmente estas habilidades no van acompañadas de una adecuada categoría profesional, por lo que ganándose la confianza de los personajes decisorios y manifestándoles su fidelidad llegan a puestos que desbordan sus capacidades. No hay organización que pueda resistir estas disfunciones.

No hay duda de que este tipo de organizaciones, en búsqueda de la máxima eficiencia, han de evolucionar hacia una mayor horizontalidad, pero no vamos a entrar en el debate técnico que no nos corresponde. Lo que entendemos que si nos corresponde es valorar las consecuencias, y estas son desastrosas para cualquier organización. Y el riesgo es mayor cuanto mas jerarquizada y piramidal sea, porque allí donde los mas altos cargos son de designación directa, los criterios de elección tienden a ser subjetivos y fuertemente influidos por los intereses personales o de grupo, quedando los criterios de eficiencia de la organización relegados en la escala de prioridades, cuando no plenamente descartados.

Y ante esto no hay que hacer un gran esfuerzo para imaginar cual es el tipo de organización mas propenso a estas disfunciones: la administración pública. En un plano meramente teórico esto no debería ser así, ya que la existencia del personal funcionario que, como es sabido, accede a su puesto por oposición, debería significar una menor dependencia de los cargos de designación directa. Sin embargo la realidad es muy diferente en nuestro país.

España tiene 445.000 cargos políticos (*), bien electos o de designación directa, lo que supone un exceso desproporcionado en relación a otros países europeos. Concretamente unos 300.000 mas que Alemania, que tiene el doble de población. Y esto supone que este excedente de políticos ha de acomodarse básicamente en los altos niveles de la administración, sin atender a criterios de eficiencia ni de capacidad profesional, desplazando a los verdaderos profesionales, los funcionarios de carrera y aumentando el control de la política sobre la administración. Esto da lugar, tal como comentábamos antes, a la imposición de prioridades propias de intereses personales o de partido, ajenas al interés público, e inevitablemente la aparición de muchos personajes claramente incompetentes para la función que se les asigna, pero con misiones de control de los servicios de la administración al servicio de quien/es les nombra.

No es necesario un gran esfuerzo mental para deducir dos importantes consecuencias de este estado de cosas. En primer lugar la corrupción, inevitable cuando las prioridades de un servicio público son desplazadas por intereses privados, como es el caso. Y en segundo lugar el acoso laboral, que como muchos sabemos por experiencia, consiste en desplazar al competente y honesto, al que quiere cumplir con su responsabilidad pública y que por ello se convierte en un obstáculo para otros intereses.

Y ante este panorama podemos afirmar que en las administraciones públicas se cumple en gran medida el Principio de Peter de forma colectiva, incluyendo una plaga de incompetentes en los altos niveles de la administración, que estarán al servicio de intereses ajenos al interés público y que procurarán desplazar a cualquier profesional competente que pueda suponer un estorbo o una amenaza para su estatus. Y todo esto ocurre mientras se proclaman públicamente nuestros valores democráticos, nuestro estado de derecho, algo puramente virtual, y mientras, bajo cuerda se acepta la auténtica realidad, que estamos en un país extremadamente corrupto, donde los incompetentes ambiciosos dominan los centros de poder público y privado, y donde los profesionales competentes y honestos han de emigrar. El Principio de Peter domina este país y nos ha convertido en lo que somos, un país corrupto y en retroceso social.

Antonio París

(*)http://politicamentncorrecto.blogspot.com.es/p/cuantos-politicos-hay-en-espana.html

CORRUPCIÓN, PSICOPATIA Y ACOSO

No creo que nadie dude que en este momento histórico la corrupción es una de las principales causas, sino la primera, del rechazo de los ciudadanos al sistema político y administrativo en nuestro país. Es una lacra social que se ha enraizado profundamente en las instituciones y no parece que la clase política actual se atreva a adoptar las medidas que la situación precisa, tal vez porque sus propias estructuras están profundamente contaminadas, y serán otros, los recién llegados, los que probablemente tendrán la oportunidad de remover los cimientos de tanta podredumbre.

Pero no solo es nuestro país víctima de la corrupción, sino que a nivel internacional se ha convertido en una grave amenaza para la estabilidad política y económica e incluso para la seguridad. Y esto no lo digo yo sino que es una conclusión de un reciente informe del centro de investigación estadounidense “Fondo Carnegie para los estudios sobre la Paz Internacional (CEIP)”. En él se resalta que en 2014 se ha producido una relajación palpable de los controles, de forma que gobiernos y empresas transnacionales han llevado la situación a un grado de corrupción sistémica de difícil solución. Y no debemos olvidar que la corrupción no es únicamente “meter la mano en la caja”, sino también utilizar las instituciones para fines privados, como colocar a familiares, amigos o compañeros de partido, saltarse la legalidad cuando conviene, utilizar el corporativismo para protegerse creando espacios de impunidad, etc, etc. Y esto, aplicado al nivel internacional, nos muestra lo que estamos viendo, la imposición de los intereses corporativos privados por encima de los derechos de los ciudadanos, el mantenimiento y protección de los paraísos fiscales, la relajación del control fiscal de los capitales evadidos, etc, etc. Lo que estamos viendo en el caso de Grecia es una muestra clara de todo esto, y donde queda de manifiesto como se descargan sobre los hombros de los ciudadanos las consecuencias de los desafueros de los beneficiarios de la corrupción sistémica.

Y todo esto nos lleva a una primera conclusión. La obsesión del sistema neoliberal dominante en el mundo es la desregulación. Su modelo de lo que llaman “libre mercado” no es mas que la desregulación total, la ausencia de todo tipo de normas, es decir, la selva, porque supuestamente el mercado se “autorregula”. Y en la selva lo que manda es la ley del mas fuerte, que es exactamente lo que se pretende, y el mercado se “autorregula” sacrificando al mas débil. Véase Grecia. Por eso la presunta “autorregulación del libre mercado” no es mas que la expresión en el ámbito mercantil de la ley de la selva, es decir, del principio biológico de la selección natural, de la selección de los mas fuertes y adaptados a la selva y el sacrificio de los mas débiles. Y ya sabemos que en la selva no hay ningún tipo de normas y regulaciones, porque ellas son el producto de un invento humano que llamamos civilización que nos obliga a superar la ley de la selva por razones éticas. Asi que digámoslo con toda claridad, la desregulación significa actuar como animales en la selva y renunciar a la condición humana. ¿Es esto admisible?

Y ahora toca otra pregunta. ¿Qué tipo de personas pueden defender esta ideología? ¿Cómo se puede defender seriamente que no existan normas éticas que impidan que en las relaciones financieras se actúe como fieras en la selva? Creo que la respuesta es sencilla y nos la da la psicología.

El perfil de las personas capaces de actuar en las relaciones humanas como animales salvajes en la selva coincide básicamente con lo que en psicología se denomina personalidad piscopática. Y este perfil va mas allá del retrato de personas similares que conocemos por las series o películas policiales. El psicólogo Bernardo Stamateas los define como “aquella persona que ama el poder desde cualquier ámbito y los demás se convierten en objetos de usar y tirar”. ¿No os parece que encaja perfectamente con el perfil de alguien que considera que el mercado se autoregula y los mas débiles deben ser sacrificados? Y el mismo Stamateas añade que “no establecen límites afectivos, no respetan los límites y no sienten grandes remordimientos cuando hacen daño a los demás”. ¿Os suena esto? ¿No es la persistente obsesión por la desregulación una prueba evidente de que los límites les molestan y que no soportan verse limitados por reglas y leyes en sus aspiraciones? Y completa su descripción diciendo que “son personas que no toleran la frustración y que viven cualquier límite que le pongan como un robo de libertad”. Y esta es la conclusión definitiva. Tienen que salirse siempre con la suya y no toleran lo contrario.

¿Quiere esto decir que todas las personas de ideología neoliberal son psicópatas? Evidentemente no. Muchos creen en el dogma neoliberal como un mantra, una cuestión de fé que no se puede cuestionar, y que “casualmente” coincide con sus intereses. Son, probablemente, personas muy competitivas y egocéntricas, pero no estrictamente psicópatas. Véase el siguiente gráfico.

                    Cooperación                         Competitividad

   I-------------------------------------------|--------------------------------------------|

Empatía                                                                                         Psicopatia

Parece claro que aquellas personas que encajan en el lado izquierdo del gráfico serían capaces de conectar emocionalmente con los demás, y tanto mas cuanto mas a la izquierda, serían mas solidarias y poco competitivas. Por el contrario, las que encajan en el lado derecho serían fuertemente competitivas, frías emocionalmente y escasamente solidarias, hasta el caso extremo del psicópata. La ideología neoliberal encaja perfectamente con la mitad derecha del gráfico.

¿Y que relación tiene esto con la corrupción? Pues parece fácil de deducir. La corrupción es cosa de personas fuertemente competitivas, escasamente solidarias y a quienes les molestan las normas o reglas que les dificultan sus manejos. Y la deducción inexorable es que el neoliberalismo es la ideología de máximo riesgo de corrupción, ya que impulsa la desregulación y la competitividad extrema mas allá de cualquier regla.

¿Y el acoso que relación tiene con todo lo anterior? Siempre se ha dicho que la corrupción es el caldo de cultivo del acoso, algo sobradamente comprobado, y siendo así está claro que la doctrina neoliberal es la ideal para generar corrupción, y por tanto acoso. No habrá forma de luchar contra el acoso y la corrupción desde semejante ideología. En realidad no se desea luchar contra ello, aunque hay que mantener una apariencia formal para que los perdedores del sistema, entre los cuales me incluyo, continuemos creyendo que el sistema funciona.

No es posible creer que vamos en la dirección correcta si nos olvidamos que la condición humana incluye una capacidad que ninguna otra especie tiene: la reflexión. Y el culmen de la reflexión es la ética. Si ignoramos esto y procedemos a utilizar nuestras superiores capacidades mentales para actuar como fieras en la selva, tal vez obtengamos beneficios en el corto plazo, pero estaremos destruyendo nuestro futuro y el de nuestro planeta. Pero de esto hablaremos otro día.

Antonio París